intervención militar de Estados
Unidos en Irán | 2 de marzo 2026
Alejandro Amigo
John Griffiths
2 de marzo 2026
En las últimas 48 horas, el conflicto entre Estados Unidos, Israel e Irán ha escalado tras la ofensiva conjunta contra instalaciones estratégicas iraníes, incluyendo sitios del programa nuclear, centros de comando, complejos militares vinculados al Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica (IRGC), bases navales y buques de la Armada Iraní. La respuesta iraní ha considerado ataques con misiles y drones contra bases estadounidenses en el Golfo Pérsico, la activación indirecta de frentes como el libanés a través de Hezbollah y medidas disruptivas en el Estrecho de Ormuz. La reacción de Teherán ha significado a la fecha, tres bajas estadounidenses, a lo que se debe sumar el derribo aparentemente accidental de tres aeronaves occidentales por fuego amigo sobre Kuwait.
Estos acontecimientos siguen en función de alcanzar los objetivos ya señalados en el documento del fin de semana: presionar al régimen para modificar sus aspiraciones nucleares, degradar capacidades estratégicas iraníes, y por último, generar condiciones que permitan un cambio del régimen.
1. Situación del regimen iraní
La confirmación de la muerte del Ayatolá Ali Khamenei, junto con altos mandos del IRGC y del Estado Mayor iraní, constituye el incidente más relevante de las últimas
48 horas. La decapitación simultánea del liderazgo religioso, político y militar alteró la arquitectura de poder interna y activó mecanismos formales de sucesión. En el
corto plazo, la conducción del Estado fue asumida por un triunvirato compuesto por el Presidente de la República, el Presidente del Parlamento y el Jefe del Poder Judicial,
conforme a los mecanismos constitucionales previstos para escenarios de vacancia del liderazgo supremo.
Paralelamente, el IRGC ha reforzado su centralidad en la gestión de seguridad y defensa. Hasta ahora no se observa colapso institucional, ya que las fuerzas de seguridad mantienen control interno y han incrementado presencia en centros urbanos estratégicos. Si bien se registran manifestaciones tanto de apoyo nacionalista como de cuestionamiento al régimen, el aparato coercitivo permanece cohesionado. La narrativa oficial ha enmarcado los ataques como agresión externa, favoreciendo un proceso de consolidación defensiva más que una fragmentación visible del sistema político. Pese a que Irán vive una compleja y deteriorada situación política, económica y militar, el cambio de autoridades no se ha transformado en un cambio de régimen, por ahora.
Como ya se señaló, Irán ha ejecutado ataques contra bases estadounidenses en Qatar, Bahréin, Kuwait y Emiratos Árabes Unidos. La reacción del régimen fue más ágil en comparación con los eventos de junio de 2025, lo que evidencia la preparación del componente militar iraní, previo al ataque del fin de semana, algo distinto a lo ocurrido en junio de 2025. Hasta el momento, los efectos de estos ataques han sido contenidos en términos de daño estratégico y del potencial escalamiento regional, pero confirman la voluntad iraní de ampliar el teatro de operaciones. Paralelamente, se han intensificado lanzamientos hacia objetivos israelíes, consolidando un intercambio directo de fuego entre esas dos naciones. Se estima que la duración de la respuesta iraní estará asociada a las evaluaciones de los daños recibidos y a los niveles de stocks de armamento.
Dentro de la reacción de Teherán, se debe incluir las acciones que han ejecutado y podrían seguir ejecutando grupos afines. Hezbollah ha sido el primero, lanzando ataques desde el sur del Líbano contra posiciones israelíes. Aunque aún no se configura una ofensiva mayor, el frente libanés se ha activado y constituye hasta el momento el principal eje de ampliación regional del conflicto. La respuesta de Israel ha considerado ataques aéreos a posiciones en el sur del Líbano y sobre Beirut.
Otro aspecto de se debe tener en cuenta es que las defensa antiaéreas de Israel y de Estados Unidos en la región son las más avanzadas del mundo, pero no son
infalibles. El alto costos de los interceptores y, sobre todo, la potencial saturación de los ataques, pueden incrementar los costos para ambos países y sus socios
regionales. Asimismo, si bien Rusia no está en las mejores condiciones para apoyar militarmente a Irán, sí puede proveer de información satelital y transferir importantes experiencias en el uso masivo de drones como los Shahed-136, originales de Irán pero empleados extensivamente por Moscú en Ucrania.
Irán ha desplegado unidades navales en puntos estratégicos del Estrecho de Ormuz, generando interrupciones operativas en el tránsito marítimo. Aunque no se ha declarado un cierre formal permanente —aunque solo bastan algunas acciones percibidas como alto riesgo para interferir el trasnporte por esta ruta—, la
navegación comercial se ha reducido significativamente debido a riesgos de seguridad, impactando a los mercados energéticos internacionales. El gobierno iraní
conoce la importancia que tiene esta ruta marítima para el comercio mundial, particularmente el de hidrocarburos. Si bien mantiene una importante capacidad de minado, que podría interrumpir el tránsito por un tiempo, aún no se conoce la decisión del régimen sobre esto y las repercusiones en las capitales de los otros Estados ribereños.

III. Reacciones internacionales
• Actores regionales con bases de EE.UU. —Qatar, Bahréin, Kuwait y Emiratos Árabes
Unidos— han reafirmado su cooperación con Washington, ninguno de ellos ha
respondido a los ataques de misiles y drones y no han anunciado restricciones al
uso de esas instalaciones militares.
• Organismos Internacionales: El Secretario General de la ONU ha instado a un cese
inmediato de hostilidades y advertido sobre el riesgo de desestabilización regional.
Asimismo, la UE ha manifestado preocupación por la escalada y ha llamado a
retomar canales diplomáticos, enfatizando la necesidad de evitar un conflicto
regional más amplio.
• Potencias extra-regionales: China ha condenado la operación inicial como violación
de la soberanía iraní y ha promovido una solución negociada. Rusia ha calificado los
ataques como contrarios al derecho internacional y ha expresado respaldo político
a Irán. Por otra parte, los líderes de Francia, Alemania e Inglaterra, si bien han
manifestado que no son parte de la operación, han indicado su disposición a adoptar
acciones en defensa de sus intereses en la región.
IV. ¿Qué podemos esperar?
• Los ataques ejecutados el sábado 28 de febrero pasado deben interpretarse como
una nueva fase de un conflicto antiguo que se reactivó el 7 de octubre de 2023,
cuando el grupo Hamás irrumpió en Israel. Desde ese evento, Israel e Irán se han
mantenido en un diálogo estratégico que ha crecido en intensidad, incluyendo los
ataques con misiles de Irán a Israel de octubre de 2024, la represalia israelita de
fines del mismo mes en el que destruyeron la mayor parte de la capacidad antiaérea
iraní; y, por supuesto, las acciones de Estados Unidos e Israel contra las
instalaciones nucleares, militares y sobre el liderazgo político, militar y científico de
Teherán de junio de 2025.
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• La continuidad de la ofensiva estadounidense e israelí dependerá del cumplimiento
de los objetivos políticos definidos para el conflicto, donde esperan que el régimen
iraní acepte los términos vinculados a su programa nuclear y a sus acciones
desestabilizadoras a nivel regional. Mientras Irán no modifique su postura
estratégica, es previsible que la presión militar continúe de forma calibrada, por
varios días, incluso dos o tres semanas más.
• Se estima que Teherán seguiría demostrando una capacidad de resiliencia
institucional en el corto plazo, apoyado en la cohesión del IRGC y en mecanismos
formales de sucesión. En este contexto, se podría esperar que Irán busque expandir
el conflicto de manera regional e internacionalmente para aumentar los costos del
ataque de Estados Unidos e Israel. Si bien cuenta con capacidades convencionales
limitadas, aún mantiene un arsenal importante de misiles y, especialmente, una red
de grupos asociados que podrían desencadenar ataques aislados sobre intereses
de Estados Unidos e Israel en otras regiones.
• La prioridad del régimen gobernante en Teherán seguirá siendo su supervivencia y,
por ende, la respuesta a los ataques y la continuación del conflicto debe considerar
esta realidad. Asimismo, se debe considerar que el anhelo nuclear es una aspiración
esencial que está ligado a la supervivencia del régimen y la posición estratégica de
Irán.
• En contraposición, Estados Unidos e Israel buscarán contener la participación
directa de otros países, evitando una expansión regional que involucre a otros
actores vecinales. Del mismo modo, no debería ser de interés de Estados Unidos
que el conflicto se prolongue en el tiempo, ya sea por razones económicas
asociadas al costo de la ofensiva, como también a aspectos políticos internos para
Washington.
• Por ahora y con los antecedentes disponibles, no es factible visualizar el colapso del
régimen ni su reemplazo, ya sea por las estructuras de poder aún gobernando, por
la hipotética división de las fuerzas armadas, ni por la incipiente o débil organización
de una eventual oposición política y social capaz de desafiar al régimen.
• Se debe esperar que en el futuro, tarde o temprano, el retorno a negociaciones en el
caso de que Teherán evalúe que la presión militar compromete su estabilidad
interna (la supervivencia del régimen es la primera prioridad). Sin embargo, la
diplomacia podría reactivarse bajo términos más exigentes que los previos al
conflicto.
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V. Consideraciones finales
• Se estima que el conflicto continuará las próximas semanas, al menos, hasta que
Teherán decida negociar con Estados Unidos incluyendo la limitación de su
programa nuclear. Estos plazos dependerán de la presión de los atacantes, la
estabilidad interna del régimen iraní y los recursos disponibles para continuar
atacando objetivos más allá de sus fronteras.
• Los objetivos definidos por Estados Unidos e Israel siguen inmutables, siendo el
cambio de régimen uno secundario respecto del programa nuclear y las
capacidades de misiles balísticos.
• Habrá una presión opuesta entre el interés de Irán por expandir el conflicto y sus
efectos, así como de prolongarlo algún tiempo y, por otro lado, la visión de
Wahington y Tel Aviv por contenerlo al espacio geográfico iraní y en el menor tiempo
posible, para lograr que las negociaciones se retomen en los términos definidos por
el gobierno estadounidense.
• El impacto más inmediato del conflicto es de carácter económico. La reducción del
tránsito en Ormuz ha elevado el precio del petróleo, lo que puede traducirse en
mayores costos energéticos e inflación para países importadores de hidrocarburos
como Chile.
• Desde el punto de vista diplomático, Chile debe evitar importar el conflicto al ámbito
interno o expresar alineamientos que comprometan su capacidad de acción futura,
en especial, cuando faltan menos de dos semanas para el cambio de gobierno.
• Finalmente, no puede descartarse que Irán busque expandir la confrontación hacia
intereses estadounidenses o israelíes a nivel global, lo que incrementa el nivel
general de riesgo estratégico a lo que Chile no está excluido.
Marcelo Masalleras
Alejandro Amigo
John Griffiths
2 de marzo 2026
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