El extremo austral de Chile vuelve a estar en el centro de la geopolítica mundial Andrés Montero J*

Hay lugares cuya importancia estratégica solo se comprende plenamente cuando las circunstancias internacionales cambian. El Estrecho de Magallanes es uno de ellos. Durante décadas, su relevancia pareció quedar relegada frente a la expansión del comercio marítimo y al protagonismo del Canal de Panamá. Hoy, sin embargo, las dificultades de esa vía interoceánica, el aumento del tránsito por la ruta austral y las declaraciones del embajador de Estados Unidos en Chile nos recuerdan que el extremo sur del país ocupa una posición geopolítica que Santiago no puede permitirse ignorar.
Dos asuntos aparentemente distintos se han cruzado estos días: la controversia sobre la posición de Chile en la Antártica y el creciente interés estadounidense por el Estrecho de Magallanes. En realidad, ambos forman parte de una misma cuestión: la importancia que adquiere el territorio chileno cuando se observa desde la perspectiva de las grandes potencias.
El embajador estadounidense, Brandon Judd, ha sostenido que no existe una Antártica que pertenezca exclusivamente a Chile, aludiendo al régimen internacional que regula el continente. Sus palabras merecen una reflexión seria, tanto por sus implicaciones jurídicas como por lo que revelan acerca de las diferencias de posición entre Washington y Santiago.Conviene, sin embargo, distinguir entre una afirmación política sobre el estatus internacional de la Antártica y una determinación jurídica definitiva sobre la validez de la reclamación chilena.
Chile no formuló sus derechos antárticos recientemente. Su posición se apoya en antecedentes históricos, geográficos y jurídicos, y fue delimitada formalmente mediante el decreto de 1940 que estableció el Territorio Chileno Antártico. Nuestro país mantiene presencia permanente en la región, desarrolla investigación científica y ha construido una relación con el continente blanco que va mucho más allá de una declaración diplomática.
Esa presencia se expresa en una red de bases y estaciones que cumplen funciones militares, científicas, logísticas y administrativas. En la isla Rey Jorge, en el archipiélago de las Shetland del Sur, se encuentra la Base Presidente Eduardo Frei Montalva, uno de los principales centros chilenos en la Antártica. El complejo incluye la Villa Las Estrellas, donde viven familias y funciona una escuela, además de servicios médicos, meteorológicos, comunicaciones y apoyo logístico. Su pista aérea permite conectar el territorio antártico con Punta Arenas y facilita el traslado de personal, investigadores y suministros.
En la misma isla se ubica la Base Profesor Julio Escudero, administrada por el Instituto Antártico Chileno. Es uno de los principales centros científicos del país y concentra investigaciones sobre cambio climático, oceanografía, biodiversidad, glaciología y ecosistemas antárticos. Su actividad demuestra que la presencia chilena no se limita a una ocupación simbólica: también se traduce en producción científica y cooperación internacional.
Más al sur se encuentra la Base General Bernardo O’Higgins Riquelme, instalada en la península Antártica y operada por el Ejército de Chile. Es una de las bases permanentes más antiguas del país y cumple funciones de apoyo a la investigación, observación meteorológica, comunicaciones y presencia institucional. Su ubicación, en una zona de condiciones climáticas exigentes, refleja la continuidad del esfuerzo chileno por mantener actividad durante todo el año.
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Un aporte del Crl. (R) Nelson Cabezas Flores
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