LA FAMILIA AL CENTRO
Catalina Siles – El Mercurio, Columnistas, 05/06/2026
El discurso del Presidente Kast constató algo que rara vez llega al debate público con esta claridad: que las redes familiares se han debilitado. Hay menos familias, y las que existen son más pequeñas, más frágiles y aisladas.
Ese debilitamiento tiene consecuencias sociales que el Estado no puede ignorar: la caída de la natalidad, la soledad de los adultos mayores y los niños que crecen sin un hogar estable. Son problemas distintos, pero con una raíz común.
Sin embargo, hablar de familia suele resultar incómodo. Con frecuencia, el tema queda relegado porque se asume que hacerlo equivale a tomar posición en los denominados debates valóricos.
El resultado es que discutimos las consecuencias de su debilitamiento, pero rara vez sus causas. Al nombrarla ante el Congreso, el Presidente abrió un espacio que Chile no había tenido para hablar en serio de esta realidad. Vale la pena aprovecharlo.
¿Por qué le interesa la familia al Estado? No por afán de intromisión, sino por sentido de realidad: la familia cumple funciones que ninguna otra institución puede reemplazar por completo.
Es el espacio donde una persona es acogida por quien es, y no por lo que produce ni por el rol que desempeña.
Es donde se transmiten hábitos, vínculos y formas de convivencia fundamentales para la vida social.
En ese espacio se cuida a los más vulnerables —niños, enfermos y adultos mayores— con una dedicación que ni el mercado ni el Estado pueden proveer plenamente, y que solo pueden acompañar.
Nada de esto implica idealización: es reconocer su carácter insustituible.
¿Qué tenemos hoy para apoyar a las familias? Un conjunto de programas sociales que aborda muchos de sus desafíos —acompañamiento durante la gestación y la crianza temprana, apoyo económico a familias vulnerables, protección para niños sin hogar—, pero que resulta insuficiente.
Porque fortalecer a las familias no es una política sectorial: es la convergencia de muchas. Es el empleo que permite proyectarse, la vivienda que hace posible imaginar un futuro, la seguridad que devuelve la tranquilidad al barrio y los ingresos que alivian la presión cotidiana.
Ninguna funciona por sí sola, y ningún ministerio puede construirlas de manera aislada. La tarea que viene es articularlas como una política de Estado transversal y de largo plazo.
Acompañar sin reemplazar: dar tiempo, ingresos, cuidados y protección para que las familias puedan hacer aquello que solo ellas pueden hacer: acoger y sostener a cada persona en su totalidad.
Esa es la tarea que exige concretar el espacio abierto por el Presidente, y que requiere una premisa común: el reconocimiento del papel insustituible que las familias cumplen en el bienestar de las personas, en la cohesión social y en la convivencia.
Porque la familia no es un sector de la política pública: es una realidad que la atraviesa por completo.
Pocas veces un discurso presidencial abre una oportunidad de esta magnitud. Hay que estar a la altura.

Un aporte del director de la revista UNOFAR, Antonio Varas Clavel
Las opiniones en esta sección son de responsabilidad de sus autores y no reflejan necesariamente el pensamiento de la Unión de Oficiales en Retiro de la Defensa Nacional