LA SAGRADA FAMILIA LLEGA A SU ETAPA FINAL:

                                                  LOS DESAFÍOS Y LAS CONTROVERSIAS

Elena Irarrazabal Sánchez, desde Barcelona – El Mercurio, Artes y Letras, Cultura, 28/06/2026

Hace algunos años, el reconocido crítico Robert Hughes calificó la basílica de la Sagrada Familia como un “cliché” y un espacio de “kitsch desenfrenado”. Los casi cinco millones de personas que visitan el templo cada año -una cifra que crece cada temporada y que lo convierte en el monumento más visitado en España- no parecen concordar con el crítico de arte.

La emoción de los visitantes es algo que se nota visiblemente al acudir al templo, donde se pueden observar rostros absortos y conmovidos al admirar el inmenso “bosque” interior de 52 columnas arbóreas, una por cada domingo del año.

O al apreciar los poderosos “troncos” con “nudos” y “ramas”, que se acercan al techo que se sostiene sin arbotantes a pesar d su gran altura. La danza de luces y colores (que varía a través del día) o los detalles en distintos rincones, desde la pequeña lagartija forjada en una reja hasta el caracol de piedra, también contribuyen al asombro y la contemplación.

Y hay algo en la atmósfera espiritual de la Sagrada Familia que captura que absorbe a cristianos y agnósticos, a estudiantes e ignorantes. Algo que, tal vez, rememora el efecto deslumbrante y gozoso que producían las catedrales góticas sobre los fieles en el Medioevo, cuando el arte parecía más cercano y menos crítico que en el siglo XXI.

Cautiva en el templo la presencia nítida de la fe de Gaudí, pero también de su interés en el arte, la historia y la simbología bíblica. O su amor por los oficios artesanales (su familia se dedicaba a la forja y metalurgia). A eso se suma el modernismo en que se formó y su profunda admiración por la naturaleza.

La figura de Gaudí parece crecer cada día, pero su gran anhelo -la culminación de la basílica- aún no se concreta.

144 años después. “Mi cliente no tiene prisa”, decía el arquitecto catalán, que dedicó los últimos doce año de su vida exclusivamente a levantar el templo en Barcelona, muy cerca del mar. La primera piedra de la iglesia se puso el 19 de marzo de 1882. Hoy, más de ciento cuarenta años después, Jordí Faulí, el “arquitecto director”, trabaja con un grupo de 50 personas interpretando y desarrollando las directrices arquitectónicas de Gaudí.

El equipo acaba de finalizar el exterior de la torre de Jesucristo, que ha convertido a la Sagrada Familia en la iglesia más alta del mundo. La cruz por dentro es hueca y permitirá un restringido número de visitantes a partir de 2028.

También se terminó la torre de María, coronada por una gran estrella luminosa de vidrio y las cuatro torres de los Evangelistas (con los animales que los simbolizan y el libro del Evangelio). Y una capilla mariana monumental, dedicada a la Asunción, está en proceso de construcción.

Según Faulí, “la Sagrada Familia la entenderemos totalmente cunado esté acabada”. ¿Y cuándo estará finalmente lista? “Habíamos programado que todo el conjunto de la Sagrada Familia estuviese finalizado este año 2026, en el centenario de la muerte de Antonio Gaudí. Pero la pandemia lo retrasó todo. Ahora somos más prudentes y preferimos no dar ninguna fecha definitiva de cuando se terminará”. Muchos elucubran que estará terminada el año 2036, al menos estructuralmente. Pero para que llegue ese día, antes se deben tomar decisiones importantes.

La fachada que falta. Concebida como la más audaz e imponente de la basílica, la Fachada de la Gloria es el elemento clave que falta para completar en el templo.

El creador catalán estableció que esta fachada sería el gran pórtico catequético del templo y que plasmaría la ruta final de la humanidad: la muerte, el juicio final, el infierno, el purgatorio y la gloria eterna. “un libro de piedra” a la usanza de las catedrales del Medioevo, cuando los fieles eran analfabetos y aprendían de historia sagrada en los portales con figuras piedra.

Tal como se aprecia hoy, ya comenzó la construcción de las cuatro grandes torres de esta fachada, que recuerdan a los apóstoles Andrés, Pedro, Pablo y Santiago el Mayor. Luego se sumará un conjunto de 16 linternas de forma hiperboloide, con diferentes alturas. Sobre esta estructura, Gaudí imaginó grandes nubes iluminadas, con palabras inscritas del Credo y más de cien figuras escultóricas: un desafío nada fácil de concretar.

Se buscan escultores. Actualmente se busca a los creadores que diseñarán y esculpirán la fachada de la Gloria, quienes deberán seguir la huella de los grandes escultores medievales, como el mítico “Maestro Mateo” de Santiago de Compostela.

En los otros dos pórticos, varios artistas ya han dejado su impronta. La fachada del Nacimiento fue la primera en construirse y la más vinculada a Gaudí, que no esculpía todo, pero si dirigió su programa y método, usando modelos reales de personas, animales y plantas.

Continuaron esa labor otros escultores, como el japonés Etsuro Sotoo (en el nacimiento se pueden distinguir figuras con los ojos rasgados, realizados por el artista). A su vez, la Fachada de la pasión se le encargó en 1986, al escultor Josep María Subirachs, quién realizó un conjunto de estilo anguloso y duro, bastante polémico.

En 2025, la Fundación Sagrada Familia encargó propuestas a tres creadores de prestigio internacional. Se trata de Miquel Barceló, Cristina Iglesias y Javier Marín. Entre ellos, Barceló ha planteado su claro deseo de participar en el proyecto.

El artista mallorquino destaca, además, por su dominio de la cerámica. Cristina Iglesias es una escultora de renombre internacional, conocida por sus instalaciones que dialogan con la arquitectura. Y Javier Marín es un escultor mexicano que elabora figuras humanas monumentales y expresivas.

Los artistas ya presentaron sus propuestas y ahora el Patronato de la Junta Constructora debe decidir, aunque ha advertido que será “sin prisas”.

Ausencia o presencia de Gaudí. Una de las grandes preguntas que suscita hoy la Sagrada Familia es si las ideas de Gaudí -recordemos que el escultor murió en 1926- se plasman en las últimas obras o más bien se trata de lejanas “proyecciones” o “interpretaciones”.

Afortunadamente, Gaudí mandó construir en vida maquetas a gran escala -prefería las maquetas a los planos y allí probaba los pesos- y estableció un sistema de geometrías que le otorgan una lógica al edificio y se puede ir replicando. Según Jordi Faulí, “se puede decir que un 8 %, un 10 % o incluso un 15 % de obra fue construida en vida de Gaudí, que sabía que no vería la obra acabada. Y por eso dedica un esfuerzo enorme a dejar información para el futuro y también descripciones precisas del contenido simbólico. En su caso, arquitectura y significado son insuperables”.

Para la Fachada de la Gloria, en 1916 Gaudí encargó una maqueta de yeso -de la que hay fotografías- que fue destrozada en los primeros días de la guerra civil española junto a parte importante del taller de Gaudí. Faulí ha aclarado que en el incendio de 1936 las maquetas se “destrozaron pero dejaron muchos fragmentos que sus discípulos pudieron restaurar”.

“Gaudí no dejó una Fachada de la Gloria resuelta en detalle escultórico, lo que dejó fue, sobre todo, una maqueta volumétrica y un programa iconográfico y simbólico. Es decir, que debía representar la fachada, donde debían situarse los grandes temas y que sentido espiritual debía tener el conjunto”, agregó Faulí.”

Para subrayar la continuidad con Gaudí, Faulí resalta que antes de su muerte, el arquitecto terminó un campanario de la Fachada del Nacimiento para que sirviera de modelo. “Fue una manera de garantizar la continuidad, pero también de implicar a la sociedad de su tiempo. El edificio se convierte ya en un referente visual”.

Expropiaciones complicadas. El diseño original de la nueva fachada incluye una gran escalinata de acceso y un puente. La idea de Gaudí es que el tráfico de la calle Mallorca circule bajo ese puente, que desembocaría en una gran explanada despejada. Pero en la antigua explanada hoy se levantan muchas viviendas que fueron construidas a sabiendas del proyecto de Gaudí.

Por eso la concreción del puente y la escalinata implica la expropiación y demolición de varios edificios. La actual Junta Constructora ha dejado claro que “no renunciará nunca a la escalinata”, porque es parte del proyecto de Gaudí, pero ha mostrado apertura al diálogo para “modular su dimensión” si fuera necesario. El costo de la operación de expropiación se estima en unos 150 a 200 millones de euros.

El turismo y la fe. Agudo observador de la naturaleza y arquitecto genial, Gaudí era, por sobre todo, un hombre de fe. En sus últimos años llevaba una vida casi monástica dedicado a la Sagrada Familia. El creador catalán buscaba “servir a Dios a través de la arquitectura”, y fue declarado venerable por el Papa Francisco en abril de 2025.

Gaudí debió enfrentar mucha resistencia en su época y nunca imaginó que su obra se convertiría en un imán irresistible para el turismo. De lunes a domingo, tras pagar su entrada, una gran multitud ingresa y deambula por el templo. Está prohibido gritar, pero el murmullo de voces y guías es intenso.

El pago de las entradas no es un tema menor, ya que Gaudí pidió que el templo se construyera con ofrendas del pueblo y no con dineros del Estado o grandes instituciones. Por eso la iglesia se levanta, fundamentalmente, con los fondos que aporta la venta de entradas, algo que no es fácil de compatibilizar con el uso religioso.

Hay misas dominicales en la nave central a las 09:00 y el sábado, a las 20:00 horas (sin inscripción, pero con aforo limitado), y durante la semana en la cripta.

Pero el turismo igual resulta avasallador y es otro elemento que se deberá sopesar en esta etapa: como seguir recaudando fondos de las entradas y al mismo tiempo mantener el espíritu del templo “expiatorio” que ansiaba Gaudí: una ofrenda colectiva de fe, alabanza y reparación espiritual.

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