Capitanes en tiempo de tormentas.
Por Ricardo Escobar
Esperemos todos que el nuevo capitán y su gente tengan suficiente sal y sol en la piel, como para saber leer las olas, las nubes, las aves marinas, las viejas cartas de navegación y, especialmente, que no les falle la brújula. Porque de los que se bajan el 11 de marzo no se puede esperar ayuda (de navegación no tienen idea).
En mi oficina tengo una acuarela, del pintor porteño Arévalo Silva, que muestra al antiguo remolcador “Poderoso” en un mar agitado y con la proa hacia unas nubes que amenazan tormenta. Me ha parecido siempre una metáfora de la vida, en la que uno al final debe enfrentar con lo que tiene – en este caso un viejo remolcador a vapor (el último que hubo en operación en el mundo)- lo que sea que le depare el destino. No se ve en el cuadro, pero uno pude imaginar a un capitán allí, de piel curtida por la sal, firme al timón, cuando llegan olas grandes, vientos fuertes y el sol se va a buscar a la noche.
Uno quiere imaginar, más bien, porque sería trágico que estuviera en el timón un adolescente mareado, en su primer viaje timoneando un barco en el que se subió por error, sin tener licencia ni de capitán de bahía.
Todos sabemos que dirigir el Estado es como capitanear un buque grande y pesado. Que no acelera bien, que es lento para virar, que no se detiene cuando uno quiere. Y parece que así es. Pero bueno, es lo que tenemos. Tiene las calderas que tiene, los marineros y mecánicos que están allí, la hélice de bronce, el casco medio abollado y no muy bien pintado, la rueda de timón que cruje si la giran rápido, la brújula y el manómetro que de repente hay que golpear para que las agujas vuelvan a apuntar bien donde está el norte y cuál es la presión.
Cada cuatro años en Chile cambiamos al capitán y algunos oficiales, para que lo hagan navegar. Con lo que hay, en el estado y en el lugar en que se lo entrega el capitán anterior.
El actual capitán tuvo suerte. Hubo viento favorable la mayor parte del tiempo y “mar boa”, como decían en Valparaíso. El precio del cobre inmejorable. No hubo huelgas importantes ni paros del sector público, ni protestas que destruyeran farmacias, restoranes ni monumentos, (¿curioso, no es verdad?), ni crisis económicas mundiales, ni tsunamis, ni terremotos o epidemias catastróficas.
El capitán y sus camaradas venían con ganas, eso sí, de llevar al barco a pasar por unos roqueríos y de frente al Maelstrom, remolino y roqueríos que se evitaron gracias al motín de los pasajeros del 4 de septiembre del 2022. Una vez corregido el rumbo, sin embargo, el capitán y sus oficiales se dedicaron a contratar marineros, a gastar combustible como condenados, a comprar champaña y beberla entre ellos, no pintaron el casco, ni hicieron mantención a las calderas.
Llega la hora de pasar el timón al capitán que sigue y de repente se están despertando de la borrachera. El barómetro cambió, hay viento fuerte y oleaje, se ven corales cerca de la superficie, y el estanque de petróleo lo dejaron casi vacío. Peor, tomaron el sextante y se dieron cuenta que no habían avanzado más que un tercio de la distancia que debían recorrer y no quedan provisiones suficientes en la bodega para alimentar a la tripulación permanente.
No, eso no es lo peor. Lo realmente fatal para el capitán y sus oficiales es que todo esto se supo justo ahora. Justo cuando, además, unos portaaviones y destructores empiezan a disparar cañonazos de grueso calibre en todas direcciones. Para más remate, el capitán y sus oficiales no encontraron nada mejor, a última hora, que ponerse en la zona de tiro del acorazado más grande, el cual les había advertido que no pasaran por allí.
¿Qué va a hacer el nuevo capitán? Esa es la gran pregunta.
Las chambonadas del anterior y sus oficiales, su frivolidad e incompetencia permanente, ya son historia. Cierto, en un par de días que les quedan son capaces de tirarle algún petardo más a un acorazado que pasa por ahí, como consecuencia de no darse cuenta del peligro o simplemente porque no les importa un bledo. Pero esto ya no es lo esencial.
La realidad es que hay tormenta la vista, que tenemos pocas provisiones para la tripulación y pasajeros, que hay ratas y polizones en todas las bodegas robándose la comida, que hay guerra entre buques grandes en la ruta y que el barco tiene que seguir navegando.
Aquí es donde se ve el carácter y temple de los capitanes de verdad.
¿Se va a perder en dimes y diretes sobre si el capitán anterior hizo bien en ponerse a torear al portaviones azul haciéndole guiños al acorazado rojo? ¿En si le pasó o no el libro con los cambios de aceite del motor y si estos estaban bien anotados o se robaron la mitad del petróleo?
O será mejor dedicar su tiempo y el de sus oficiales a tomar control de la situación, recalcular el rumbo y la velocidad, distribuir raciones de otro modo para que nadie se muera de hambre, despedir a los marineros apitutados e inútiles para alivianar carga, y, muy importante, no resultar cañoneado por error por alguno de los barcos de guerra que navegan en la niebla que se avecina. ¿Va a dar tranquilidad a los pasajeros asustados, a los marinos de planta que tienen ganas de trabajar de verdad?
Para el capitán y la tripulación que desembarca nada mejor que seguir metidos en el baile, discutiendo con los nuevos tripulantes sobre si fueron ellos o los pasajeros de estribor los que se robaron los helados del refrigerador o los que taparon con unos pañales las cañerías del wc de la enfermería. Si se distraen en esas cosas, en una de esas el nuevo capitán pierde el rumbo, avanza poco, encalla por allí en alguna roca, y en cuatro años más los pasajeros, gente de frágil memoria, les devuelven el timón.
Tenemos un barco chico, no muy bien mantenido pero que aún navega. Como el Poderoso en mi acuarela, cuando la tormenta arrecie puede seguir llevándonos a todos a un puerto más seguro, o nos puede llevar a olas encabritadas en las que terminemos todos enfermos y vomitando.
Esperemos todos que el nuevo capitán y su gente tengan suficiente sal y sol en la piel, como para saber leer las olas, las nubes, las aves marinas, las viejas cartas de navegación y, especialmente, que no les falle la brújula. Porque de los que se bajan el 11 de marzo no se puede esperar ayuda (de navegación no tienen idea).
https://www.ex-ante.cl/capitanes-en-tiempo-de-tormentas-por-ricardo-escobar/
Un aporte del Presidente de la Unión, CN(R) George Brown Mac LeanLos artículos publicados en esta sección son de responsabilidad de sus autores y no reflejan necesariamente el pensamiento de la Unión de Oficiales en Retiro de la Defensa Nacional
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