“Secuestro permanente”
Viña del Mar, 11 de diciembre de 2025.
Señor Director:
Los magistrados de los tribunales superiores de justicia denominan “secuestro permanente” a una ficción jurídica según la cual se ha cometido y se sigue cometiendo un secuestro cuando consta en un proceso la detención o la privación de libertad de un sujeto y no consta posteriormente en el mismo proceso su muerte o su puesta en libertad, y que al desconocerse su actual paradero se presupone su existencia vital en régimen de secuestro.
Dicha ficción jurídica —que atenta contra la verdad y el buen criterio, por la que han sido condenados innumerables militares o carabineros sin prueba alguna que acredite la comisión del hecho punible— no está tipificada como delito, ni podría estarlo, en nuestro ordenamiento jurídico.
Sentencias inicuas, que presumen como verdadero lo que es falso, no solo atentan contra la justicia y el Estado de Derecho, sino que desprestigian a la judicatura y al sistema legal.
Atentamente le saluda.
Adolfo Paúl Latorre
Abogado
Delito imaginario
Viña del Mar, 10 de diciembre de 2025.
“Mi deber es hablar. No quiero ser cómplice”.
¡Yo acuso…! Émile Zola
Señor Director:
La gran mayoría de los militares o carabineros condenados en causas sobre derechos humanos lo han sido por un delito imaginario, sin prueba alguna que lo acredite —por una ficción jurídica; por un delito fingido— como lo es el denominado “secuestro permanente”; lo que constituye no solo una atrocidad judicial, sino que una canallada que clama al cielo.
Para condenar a un militar no es preciso probar el delito pues basta fingirlo; por una fantasía discurrida por mentes afiebradas y rebosantes de odio.
Atentamente le saluda.
Adolfo Paúl Latorre
Abogado
NOTAS:
- Lo más probable —y muy comprensible— es que esta carta no sea publicada, puesto que lo que digo en ella es muy espinoso, pero es la pura y santa verdad; verdad que desde hace más de una década vengo denunciando en mis conferencias, libros, cartas al Director y otras publicaciones, sin que nadie me haya rebatido; ni siquiera los magistrados de los tribunales superiores de justicia, quienes aplican la “estrategia del silencio” para tratar de que esta verdad no se sepa.
- Obviamente, el editor puede descafeinar esta carta, eliminando el segundo párrafo o las frases finales del primero.
- A continuación expondré algunas frases célebres que he utilizado en mis escritos.
- Al final, transcribo una crítica de Francisco JoséFolch a mi libroProcesos sobre violación de derechos humanos. Inconstitucionalidades, arbitrariedades e ilegalidades.
“Nunca juzgues al honesto por la crudeza de sus verdades, mejor cúidate del hipócrita por la dulzura de sus mentiras”.
“Para liquidar a las naciones lo primero que se hace es quitarles la memoria.
Se destruyen sus libros, su cultura, su historia. Y luego viene alguien y les escribe otros libros, les da otra cultura y les inventa otra historia.
Entonces la nación comienza lentamente a olvidar lo que es y lo que ha sido”.[i]
“Para hacer cumplir las mentiras del presente, es necesario borrar las verdades del pasado”.[ii]
“En tiempos de engaño universal, decir la verdad se convierte en un acto revolucionario”.[iii]
“Decir la verdad significa amar a su pueblo y creer que aún puede levantársele, y yo adoro a Chile, amo a mi patria desesperadamente, como se ama a una madre que agoniza”.[iv]
La exagerada es la realidad, no el cronista que la describe. [v]
«En 1971, Jacques Bergier, entonces ya muy popular por “El retorno de los brujos”, publicó, también con buen éxito, “Los libros condenados” (Les livres maudits), esto es, proscritos y puestos a resguardo del conocimiento público por poderosas fuerzas del establishment, en razón de su inconveniencia… para el establishment.
Ese título viene a la memoria con ocasión de “Procesos sobre violación de derechos humanos. Inconstitucionalidades, arbitrariedades e ilegalidades”, de Adolfo Paúl Latorre (Editorial Maye Ltda., Santiago, 2013, 637 pp.), en que el autor, ex oficial de estado mayor de la Armada, magíster en ciencia política y profesor de academia, analiza pormenorizadamente lo que denuncia y procura acreditar como irregularidades jurídicas en los procesos a uniformados por violación de los derechos humanos.
Se requiere valor para ir en contra de lo que la mayoría de un momento histórico considera verdad irrefutable, condenando como blasfemia toda argumentación disidente. En ese clima no se admiten distingos, no se aceptan pruebas en contrario, ni los hechos ni el derecho requieren ser examinados, pues el juicio está ya dictado en bloque y por toda la eternidad.
El autor tiene ese valor, pero —sin la buena fortuna de Bergier— previsiblemente no vivirá lo suficiente para ver su libro leído y refutado o confirmado en lo que corresponda. Posiblemente, lo apreciarán a diversos respectos historiadores en algún futuro, cuando sea posible hacerlo, como lo sabía ya Tácito, sine ira et studio.
Entretanto, conste que tal libro existe, aunque el silenciamiento haya de rodearlo aún por tiempo indefinido».[vi]
Las opiniones en esta sección, son de responsabilidad de sus autores y no reflejan necesariamente el pensamiento de la unión de Oficiales en retiro de la Defensa Nacional