Democracia liberal

Viña del Mar, 17 de febrero de 2026.

   

Señor Director:

La política tiene como fin el bien común y es, por lo tanto, una actividad moral. Es la moral la que define los fines de la política. La ley moral fundamental es la ley natural. La política que prescinde de ella o que pretende ser neutral respecto de la verdad moral no es auténtica política, sino corrupción de ésta.

            Es el caso de aquella política que al no acotarse dentro de ciertos valores morales, sin sujeción a normas superiores y en virtud de un pluralismo insensato, concede idénticos derechos al error y a la verdad, como es el caso de la ideología de la democracia liberal. Y la verdad no surge del concurso de muchos hombres o de las mayorías, sino del esfuerzo de las inteligencias. La verdad se halla en el juicio y surge del pensar; esa prerrogativa que nos constituye, a cada uno de nosotros, en imagen y semejanza de Dios.

Según esta ideología la ley —como es definida en nuestro Código Civil; a diferencia de la de Santo Tomás— es la expresión mayoritaria de una voluntad colectiva que se pone de relieve a través del voto: el hecho de que la mayoría quiera algo es razón suficiente para considerarlo bueno.

La democracia liberal conlleva riesgos intrínsecos tales como la manipulación de la opinión con ofrecimientos y promesas que seduzcan a los electores; la dictación de leyes sin sujeción a normas morales; que la mayoría impida la libertad de las minorías y que se transforme en tiránica; que personas o grupos la corrompan y desvirtúen desde dentro y que usen las armas de la democracia para destruir la democracia.

                           Atentamente le saluda.

                             

 

 

Adolfo Paúl Latorre

Magíster en ciencia política