VISITA PAPAL A ESPAÑA

El Mercurio, Editorial, 11/0672026
En su viaje a Madrid, Barcelona e islas Canarias, León XIV ha ratificado el que al parecer será el sello de su pontificado: la presencia de la Iglesia Católica, mediante el diálogo, en las grandes cuestiones que preocupan a la humanidad, como lo manifestara en su reciente encíclica, Magnifica humanitas, en la que aborda los desafíos que implica la irrupción de la inteligencia artificial, reiterando su llamado a poner al centro la dignidad de las personas, y evitando una deshumanización de la cultura donde primen la eficiencia y el beneficio propio por sobre el bien común.
| León XIV busca proyectar una Iglesia dialogante en la discusión de los grandes temas que inquietan a la humanidad. |
Sin eludir ningún tema y relevando la importancia de una cultura referida a la dignidad humana, el Pontífice reivindica la vigencia del cristianismo en la sociedad contemporánea, proponiendo caminos “para cumplir esa aspiración profundamente humana” por el bien, la belleza y la verdad.
En el histórico discurso pronunciado ante las Cortes españolas, que culminó con una prolongada ovación de parte de los parlamentarios, el Papa se refirió a la “profunda crisis espiritual y cultural” que aqueja a la humanidad y reafirmó la defensa de la vida “desde la concepción hasta su ocaso natural”.
Subrayó la “responsabilidad moral” de Europa respecto de los flujos migratorios, y llamó a construir puentes entre las diferentes culturas, como lo hicieran los antepasados en la península ibérica.
Condenó el rearme como respuesta a la inseguridad internacional y llamó al respeto del derecho internacional como vía de resolución de conflictos.
El Papa celebró el aporte histórico de España como cuna del humanismo cristiano y el hecho de haber sido puente entre mundos distantes, pero pidió perdón por los excesos cometidos durante la Conquista.
Sus palabras incluyeron un llamado a tener una comprensión humanista de las instituciones y de la democracia, en la que la dignidad de la persona debe ser su pilar, evitando la “descalificación permanente del adversario” que exacerba la polarización política, degrada el debate público y viola la dignidad humana.
Puso énfasis en reforzar la cultura —evitando la simplificación y apreciando el estudio de la complejidad— y llamó a desarrollar la interioridad, respetar la libertad religiosa y propiciar una educación libre y de calidad. También instó a “huir de los enfoques identitarios que parecen aclararlo todo”.
Reunido con víctimas de abusos sexuales, el Papa se comprometió a hacer de la Iglesia un lugar seguro, mostró preocupación por la salud mental de los jóvenes y por las manifestaciones de violencia contra la mujer.
En catalán, habló en Barcelona de las luces y las sombras que acompañan el devenir del ser humano y de la sociedad, y llamó a no juzgar “ni las ‘noches’ de nuestra vida, ni las de la Iglesia, ni las de la sociedad que nos rodea”.
La visita papal ha estado marcada por la masividad y la solemnidad —como la impresionante bendición de la Torre de Jesucristo de la Sagrada Familia, en Barcelona— y por un despliegue comunicacional que muestra a un Papa cercano, con humor —bromeó sobre el arrastre del cantante Bad Bunny, cuya presentación coincidió con la del Pontífice en Madrid—, vigente —el discurso del actor Antonio Banderas en el encuentro con el mundo de la cultura fue ampliamente difundido en las redes sociales— y decidido a participar del debate público.
Qué proyección tendrá el fenómeno visto estos días en una sociedad de hondas raíces cristianas pero vertiginosamente secularizada, lo dilucidará el tiempo. Independientemente de ello, lo que parece claro, a la luz de esta gira, es que, en un contexto mundial de liderazgos en crisis y de alta incertidumbre, la figura de León XIV va instalándose como la de un actor y referente central.
Un aporte del director de la revista UNOFAR, Antonio Varas Clavel
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