Señor Director:

Hace apenas unos días tuve la oportunidad de conversar largamente con Guillermo “Willy” Bascuñán, compositor de la música de “Los Viejos Estandartes”. Fue una conversación profundamente humana, emocionante y reveladora. Al escucharlo, confirmé algo que muchas veces olvidamos: la música ha sido capaz de unir a Chile incluso en sus momentos más difíciles.

Esa es precisamente la oportunidad que hoy tenemos. Volver a encontrarnos, no desde la confrontación, sino desde aquello que forma parte de nuestra memoria común. Porque antes que cualquier diferencia política, social, generacional o ideológica, hay una verdad simple y profunda: todos somos chilenos.

Este domingo 14 de junio se cumplieron 50 años desde que “Los Viejos Estandartes” fue adoptado oficialmente como Himno del Ejército de Chile, mediante el Boletín Oficial del Ejército de fecha 14 de junio de 1976. Medio siglo desde que una marcha nacida en la música popular chilena, con letra de Jorge Inostroza y música de Guillermo “Willy” Bascuñán Dockendorf, pasó a formar parte del patrimonio espiritual de una institución fundamental de la República.

Pero esta conmemoración no debería quedar reducida solo al ámbito militar. Tampoco debería ser vista como una fecha que pertenece a unos y no a otros. “Los Viejos Estandartes” es hoy parte de la memoria cultural y emocional de Chile. Nació desde la música, se inspiró en la historia nacional, fue interpretada por Los Cuatro Cuartos y terminó convertida en himno oficial del Ejército. Ese recorrido, por sí solo, habla de una obra que fue capaz de cruzar mundos distintos: la cultura popular, la historia, la vida militar y la identidad nacional.

La marcha fue inspirada por el regreso del general Manuel Baquedano a Valparaíso, en 1881, tras la campaña de la Guerra del Pacífico. No se trata, por tanto, de una canción cualquiera. Sus versos evocan trincheras silentes, banderas desgarradas, cicatrices de guerra, soldados que vuelven heridos y estandartes que guiaron a los vivos y cubrieron a los muertos.

Allí está, quizás, la razón más profunda de su permanencia. No es una obra que celebre la guerra como espectáculo. Es una marcha que recuerda a los soldados, sus sacrificios, sus dolores, sus regresos y sus ausencias. Por eso emociona. Por eso se canta con fuerza. Por eso, medio siglo después de su adopción oficial sigue teniendo sentido.

La conversación con Willy Bascuñán en el programa Voces de Mando fue luminosa, emocionante y profundamente humana. No sólo por la importancia histórica de su obra, sino porque permitió escuchar, de primera fuente, al hombre que le puso música a una de las composiciones más reconocidas de la tradición militar chilena.

Bascuñán no llegó a “Los Viejos Estandartes” desde una instrucción institucional ni desde una planificación oficial. Llegó desde la música, desde la historia, desde la cultura popular y desde una biografía muy chilena: una familia vinculada a la Armada, su paso por la Escuela Naval, su pertenencia a Los Cuatro Cuartos y una sensibilidad artística capaz de transformar una evocación histórica en una melodía que terminó siendo cantada por generaciones.

Su encuentro creativo con Jorge Inostroza fue decisivo. Inostroza tenía la palabra, el relato, la épica histórica y la capacidad de hacer visible al soldado anónimo. Bascuñán tuvo la sensibilidad musical para convertir esa palabra en una marcha capaz de emocionar, convocar y permanecer.

De esa unión nació una obra singular: una canción nacida en la cultura popular que, con el tiempo, se transformó en himno institucional.

Hoy, cuando el monumento al general Baquedano ha vuelto a ocupar su lugar histórico en el centro de Santiago, Chile tiene una oportunidad. No hablo de una oportunidad para reabrir heridas ni para imponer una mirada sobre otra. Hablo de una oportunidad de unidad, de respeto y de madurez republicana.

El monumento a Baquedano no debería ser visto como una provocación ni como una consigna. Es parte de la historia de Chile. Representa a un comandante victorioso, pero también a una generación de soldados, a una época decisiva y a una memoria nacional que no puede ser borrada simplemente porque el presente se incomode con el pasado.

Por eso, su retorno merece algo más que una reposición material. Merece una reinauguración republicana, sobria, cívica y militar, donde el país pueda decir, sin estridencias, que es posible honrar la historia sin usarla como arma política. Que es posible reconocer a quienes forman parte de nuestra memoria sin dejar de mirar críticamente el pasado cuando sea necesario. Que es posible unir, no dividir.

En esa misma línea, Chile tiene también una oportunidad pendiente de gratitud: realizar un reconocimiento nacional, público y solemne a Guillermo “Willy” Bascuñán, compositor de la música de “Los Viejos Estandartes”.

No se trata de un homenaje menor. Tampoco de un gesto reservado únicamente al Ejército. Willy Bascuñán merece ser reconocido por Chile, porque su obra trascendió el mundo militar y entró en la memoria emocional de miles de familias chilenas. La conocen oficiales, suboficiales, soldados, conscriptos, reservistas y familias militares; pero también ciudadanos que nunca vistieron uniforme y que, sin embargo, reconocen en sus acordes una parte de la historia común.

Sería profundamente significativo que ese reconocimiento se realizara en un acto cívico-militar, en un espacio republicano como La Moneda, la Plaza de la Constitución o la Plaza de la Ciudadanía. No para dividir. No para apropiarse de la historia. No para levantar una bandera contra otra. Al contrario: para recordar que hay símbolos, obras y trayectorias que pueden unirnos si somos capaces de mirarlas con altura.

El Ejército ya reconoció a Willy Bascuñán en 2017, al imponerle la medalla Cruz Ejército Bicentenario, en reconocimiento a su aporte a la música histórica nacional y, especialmente, a la creación de la música del himno institucional. Fue un acto justo y significativo. Pero a 50 años de la adopción oficial de “Los Viejos Estandartes” como Himno del Ejército, Chile podría dar un paso mayor: reconocerlo como un artista que contribuyó a la memoria nacional.

Porque Bascuñán no solo compuso una música. Ayudó a dar sonido a una escena histórica. Permitió que el regreso de los viejos estandartes, la memoria de los soldados y la evocación de Baquedano siguieran vivas no sólo en los libros, sino también en la emoción de quienes escuchan y cantan.

En tiempos en que muchas veces se confunde patriotismo con división, tradición con rigidez o memoria con nostalgia, conviene volver a mirar obras como esta. “Los Viejos Estandartes” demuestra que la identidad nacional también se construye desde la música. Que una canción puede educar, emocionar y reunir. Que el pasado, cuando se mira con respeto y sentido de país, no necesariamente separa: también puede convocar.

Por eso, esta conmemoración de los 50 años no debería ser sólo un aniversario institucional. Debería ser una oportunidad de unidad nacional.

Baquedano y Bascuñán se encuentran en esta historia. El primero, como figura histórica que inspiró el regreso de los viejos estandartes. El segundo, como el creador de la música que permitió que esa imagen siguiera viva en el imaginario chileno.

Uno está representado en bronce. El otro sigue entre nosotros, con memoria, lucidez, humor y una obra que continúa emocionando.

Chile no debería esperar.

Una reinauguración republicana del monumento a Baquedano y un homenaje nacional a Willy Bascuñán podrían formar parte de un mismo gesto: recuperar la gratitud, la continuidad histórica y el sentido de pertenencia común.

No se trata de mirar el pasado para quedarnos en él. Se trata de comprender que ningún país puede avanzar con seguridad hacia el futuro si renuncia a reconocer aquello que le dio forma, nombre y memoria.

Chile necesita más gestos de unidad. Más espacios de encuentro. Más capacidad de reconocerse en su historia común.

Porque todos somos chilenos.

Y porque hay canciones que se escuchan.

Pero hay otras, como “Los Viejos Estandartes”, que se heredan.

Christian Slater E. – Coronel de Ejército en retiro

https://ellibero.cl/carta/willy-bascunan-baquedano-y-una-oportunidad-de-unidad-nacional/