El pasado 22 de septiembre, en el diario “El Líbero”, el cardenal y arzobispo de Santiago, Fernando Chomali Garib, respondió a la abogada Carla Fernández Montero. Concedió que los presos con alzhéimer puedan morir junto a los suyos, pero al resto de los enfermos les puso precio a la piedad: el arrepentimiento. Y a quien se sabe inocente, exigirle arrepentimiento es exigirle que mienta. Así, la clemencia se ofrece al enfermo y se le retira apenas se atreve a sostener su inocencia.
Muchos de estos ancianos preferirán morir en una celda antes que comprar su libertad con una confesión falsa. En las Fuerzas Armadas el honor nunca estuvo en venta, y no lo estará ahora, a las puertas de la muerte, por un beneficio. Que hombres al final de su vida antepongan la verdad a su propia libertad debería bastar para retirar la condición que se les impone.
Sorprende, sobre todo, que sea un cardenal quien reclame el arrepentimiento como condición. Cuando pusieron ante Jesús a una mujer sorprendida en adulterio, no le exigió confesión ni contrición: dijo “el que esté libre de pecado, que arroje la primera piedra”, y cuando todos se marcharon, la despidió con un “tampoco yo te condeno; vete y no peques más”. El Evangelio perdona antes de juzgar; el príncipe de la Iglesia, en cambio, quiere que el moribundo se declare culpable primero.
Más de medio siglo después, esperábamos de la Iglesia una palabra de reconciliación y recibimos una de penitencia. Los que siguen presos eran, en su mayoría, jóvenes oficiales, clases y conscriptos que obedecieron; quienes impartieron las órdenes ya murieron; y los verdaderos responsables fueron los políticos de aquella época, los mismos que hoy culpan a los militares. Pedirles a estos ancianos que mientan para que se les permita morir en su cama no es un acto de misericordia, sino una humillación más. Lo único que les queda es su verdad, y ninguna fe tiene derecho a exigir que la entreguen.
Ver texto y quienes suscriben la carta en:
https://www.diarioconstitucional.cl/cartas-al-director/arrepentimiento-como-condicion-para-la-clemencia-una-respuesta-al-cardenal-fernando-chomali/
Un aporte de Francisco Urmeneta