MEMO DE LA PAZ
Tamara Avetikian – El Mercurio, Columna de Opinión, 22/06/2026
Poco más de una hora se reunieron ayer en Suiza los delegados de EE. UU. e Irán, para avanzar desde el memorándum de entendimiento que apenas expresa intenciones y deja muchos problemas por resolver.
Donald Trump reitera amenazas: ya dijo que si no le gusta cómo van las negociaciones, vuelven las bombas. En París hizo una broma, que él no firmaría el texto sino JD Vance, porque así podría culparlo si fracasaba el proceso, y si era exitoso, él se llevaría el crédito.
Los iraníes saben que tienen cartas poderosas
Muy típico de él, pero al final, como tantas veces, cambió de opinión y terminó firmando. Quizás fue porque estaba en Versalles, y qué mejor para su ego que poner su nombre en un documento en el palacio del rey Sol, donde todo lo dorado es oro de verdad, como le gusta.
Ahora lo que necesita es un tratado contundente, que lo deje bien con la historia, uno que supere aquel “desastroso” de Barak Obama y ponga punto final a todas las ambiciones maliciosas del régimen islámico iraní.
Que lo consiga es dudoso. Trump está obsesionado con destruir ese legado de Obama. Cada vez que puede se refiere al documento de 2015 como el peor nunca firmado, porque no terminó con el desarrollo nuclear iraní y las miles de centrífugas siguieron enriqueciendo uranio.
Es verdad que ese tratado, que tiene un nombre largo (Plan de acción integral conjunto, JCPOA en inglés), estaba lejos de ser perfecto, pero si bien Teherán había violado ciertas cláusulas, se mantenía dentro del esquema que lo obligaba a recibir a los inspectores de la AIEA, la agencia atómica de la ONU.
Después de 2018, cuando Trump se salió del JCPOA, se desató el procesamiento de uranio casi sin límites: llegaron a tener 19 mil centrífugas, en lo que obviamente era una carrera para obtener material para una bomba o, mejor, tener los elementos listos para fabricarla cuando la necesitaran.
Sería una gran herramienta de disuasión. Esa capacidad ahora está destruida, con el bombardeo a las plantas de Isfahan, Natanz y Fordow, que según Trump “aniquiló” el programa, pero les queda algo más que el know how y los 400 kilos de uranio que podrían convertir rápido en plutonio, si logran desenterrarlo.
Hay apenas 60 días para ponerse de acuerdo con Irán sobre el destino del programa nuclear, que era según Trump el objetivo principal de la guerra. Pero también sobre los otros temas del memorándum, que a grandes rasgos parecen muy beneficiosos para Teherán.
Los iraníes son negociadores duros, y más ahora que saben que tienen cartas poderosas, que nunca se habían atrevido a usar, como cerrar el paso de buques por el estrecho de Ormuz, cobrar por servicios de tránsito y atacar instalaciones vitales de los países del Golfo Pérsico, desde petroquímicas a desaladoras y hasta las bases norteamericanas.
Ante eso, Trump hizo concesiones que Obama nunca consideró otorgar antes de entrar a discutir los temas más importantes. Y todo esto, negociado con un régimen que supuestamente sería derribado por la población apenas empezaran los bombardeos.
Seguro que cualquier resultado de este proceso Trump lo proclamará como una gran victoria suya.
Un aporte del director de la revista UNOFAR, Antonio Varas Clavel
UNIÓN DE OFICIALES EN RETIRO DE LA DEFENSA
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