RESPUESTA A CARTA DEL CARDENAL FERNANDO CHOMALI
Agradezco al cardenal Fernando Chomali su carta y celebro que coincidamos en algo: exigir un acto consciente a quien no puede ejecutarlo es absurdo. Ese absurdo, sin embargo, no lo redacté yo. El 17 de septiembre Su Eminencia declaró que para la clemencia “tienen que darse ciertas condiciones”, que “tiene que haber arrepentimiento”, y en la misma entrevista puso a los enfermos de alzhéimer entre quienes debieran volver a su casa. Una regla enunciada sin salvedades alcanza a todos los casos que su autor nombra a continuación. Me limité a leerlo con la atención que merece un cardenal. Lo que hoy llama aclaración es una salvedad que se le ocurrió cinco días tarde, cuando alguien le mostró adónde conducía su frase.
Lo que ahora ofrece como ideal tampoco es suyo. El artículo 687 del Código de Procedimiento Penal dispone que el condenado que cae en enajenación mental no siga cumpliendo la pena y sea entregado a su familia bajo fianza de custodia y tratamiento. Su Eminencia no propone nada: describe la ley, y la describe tal como suena en el papel, que es la única versión que parece conocer. Un hombre que defendí pasó tres años hospitalizado mientras se resolvía esa solicitud; los peritos iban hasta el hospital a examinar a un paciente que necesitaba cinturones para no caerse de la cama y no siempre reconocía a quienes lo visitaban, y cuando, al quinto informe del Servicio Médico Legal, una ministra por fin aplicó el artículo, a los querellantes les bastó apelar para que la Corte de Apelaciones ordenara un sexto. La demencia también se litiga, y mientras se litiga, se muere. Ese trámite, y no otra cosa, es el ideal que Su Eminencia nos ofrece.
De los reparos que le formulé respondió uno, el que no tenía defensa, y eligió hacerlo a propósito de las únicas personas que no podrán leer su respuesta. Para los demás la exigencia sigue en pie, y ahora se entiende su alcance. Al que ya no sabe dónde está, Su Eminencia lo manda a su casa; al que lo sabe demasiado bien y sostiene su inocencia, lo deja donde está. Un hombre que asegura no haber hecho lo que se le imputa sólo puede arrepentirse mintiendo, de modo que lo que se le pide a un moribundo es una mentira útil, y se le ofrece a cambio su cama. En los tribunales que frecuento eso tiene nombre, comprar una confesión, y dudo que en la Curia tenga otro.
San Juan Crisóstomo, doctor de la Iglesia y arzobispo de Constantinopla, cuyo enfrentamiento con una emperatriz le costó el destierro en que murió, había predicado antes en Antioquía que el pobre tiene un solo título, su necesidad; que no se le exija nada más; que aunque fuera el peor de los hombres se lo socorra sin pedirle cuentas de su vida pasada; que la misericordia lleva ese nombre precisamente porque da también al indigno, y que quien exige explicaciones a sus consiervos las tendrá que rendir él mismo ante Dios. Lo predicó hace mil seiscientos años, sin condiciones. No le pido al más alto representante de la Iglesia chilena que el Papa dio a esta generación que muera en el destierro. Me bastaría con que no corrigiera a un santo.
Le formulo entonces una sola pregunta, para que su aclaración quede completa. Un hombre de noventa años, lúcido, con un cáncer terminal, que ha sostenido su inocencia desde el primer día de su proceso, ¿debe morir en la cárcel por no arrepentirse de lo que asegura no haber hecho? Si la respuesta es sí, dígalo con esas palabras y con su firma, porque esos hombres tienen derecho a conocer la mano que les cierra la puerta. Si es no, retire la condición con la misma firma con que la puso. Y si prefiere el silencio, no se lo reprocharé. Me quedaré con las palabras que Cristo pronuncia en la escena del juicio final y que Su Eminencia conoce de memoria: “estuve en la cárcel y vinisteis a mí”.
No dice “estuve en la cárcel arrepentido”. Cuando el propio Cristo no puso esa condición, quien la agrega tendrá que explicar con qué autoridad lo hizo, y a esa pregunta el silencio tampoco responde.
Carla Fernández Montero
Abogada penalista
Un aporte de Francisco Urmeneta.
Martes 24 de septiembre
FJDM-C
Barcelona
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