Columna de Opinión

ATRAPADOS POR LA DEMOCRACIA.Ex Mayor E.A Hugo Reinaldo Abete, 6/5/2015

ATRAPADOS POR LA DEMOCRACIA. Ex Mayor E.A Hugo Reinaldo Abete, 6/5/2015

Las opiniones vertidas en esta columna de opinión, son de responsabilidad de sus autores y no reflejan necesariamente el pensamiento de UNOFAR

En la Argentina moderna, ocurre además que, la democracia ha sido tomada como el pretexto excluyente ante los “demonios” que significaron los militares y los golpes de estado. Esa propaganda tendenciosa y dialéctica de “Democracia o Dictadura” instalada en tiempos de Alfonsín, ha calado muy hondo en la sociedad argentina y gran parte de ella justifica entonces hasta la aberración más grande y el abuso más flagrante si viene de la mano de la democracia.

En muchos de mis escritos me he encargado de señalar que la democracia no es más que una forma de gobierno, que no puede ni debe ser considerada como un estilo de vida y que endiosarla es un error muy grave.

También he señalado que cuando esa forma de gobierno se aparta del bien común o, como lo sostiene la Iglesia Católica, no respeta a Dios y no tiene una base moral Cristiana, degenera en formas encubiertas de totalitarismo o autoritarismo de estado.

En la Argentina moderna, ocurre además que, la democracia ha sido tomada como el pretexto excluyente ante los “demonios” que significaron los militares y los golpes de estado. Esa propaganda tendenciosa y dialéctica de “Democracia  o Dictadura” instalada en tiempos de Alfonsín, ha calado muy hondo en la sociedad argentina y gran parte de ella justifica entonces hasta la aberración más grande y el abuso más flagrante si viene de la mano de la democracia.

Y ocurre entonces que corrientes políticas contrarias al sistema republicano, valiéndose de él acceden al poder para instaurar una revolución socialista de sesgo totalmente autoritario. Eso es lo que hoy ocurre en la Argentina en donde los ciudadanos estamos atrapados en un sistema y totalmente indefensos.

En tiempos en que los militares eran todavía un factor de poder en el país e intervenían en el desarrollo político del mismo interrumpiéndolo, de tanto en tanto, ya sea por decisión propia o por presión de la oposición y de parte de la sociedad civil mediante un golpe de estado, las cosas eran diferentes y -entiéndase bien-, las democracias no alcanzaban a degenerarse, por lo menos en el nivel como hoy ocurre. Las Fuerzas Armadas actuaban como “tribunal de alzada” de la sociedad y, por lo general, tomaban el poder con la idea de restablecer el orden para salvar el estado democrático, en una acto de gatopardismo en estado puro, “cambios para que nada cambie“. Obviamente que los que caían en autoritarismo eran los militares, pero, evidentemente, era lo que se podía esperar de ellos.

Para mal o para bien ése era el contexto que se vivía por entonces en esa Argentina que alternaba en el poder a civiles y militares. Hoy ya no están los militares y no hay límites ante los excesos de gobiernos democráticos que degeneran en autoritarios. ¿Qué gobierno desde 1983 a la fecha no ha intentado coartar de alguna manera a los otros poderes del estado? ¿Qué gobierno no buscó jueces de la Corte Suprema adictos? ¿Qué gobierno no utilizó procederes corruptos para comprar  voluntades de diputados o senadores para aprobar tal o cual ley?… Sin dudas no hay ninguno libre de culpa, pero tampoco hay dudas que, de todos, los gobiernos de los Kirchner superan ampliamente al resto en cuanto a autoritarismo se refiere.

Insisto, no hay límites que detengan a una democracia desnaturalizada que para avanzar en sus fines de perpetuarse en el poder, se vale de los mismos mecanismos de defensa que ella misma genera para preservarse. Y así se llega a que un vicepresidente de la Nación esté procesado por delitos de corrupción y siga en funciones y presida el senado ante la vergüenza ajena de todo un país, así se llega a que tengamos un juez de la Corte Suprema que vive en concubinato con otro hombre y alquile departamentos que son utilizados por la prostitución, así se llega a que Hebe de Bonafini y un parricida, presidiendo una organización gubernamental destinada a los planes de vivienda más importantes del país, cometan un desfalco descomunal y que, precisamente por la protección que le da el sistema del que estamos hablando, la justicia no haga nada.

Pero lo más grave de todo y que marca claramente el grado de autoritarismo de quienes hoy están en el poder es lo que sucede con la arbitrariedad y prevaricato que se ha cometido y se sigue cometiendo con los militares juzgados y condenados por su participación en la guerra contra la subversión –con la complicidad de todos los jueces de la Nación que aceptan tal situación-, mientras que los subversivos terroristas que colocaron bombas y asesinaron a mansalva a compatriotas, están libres de culpa y cargo, nadie los cuestiona y muchos de ellos ocupando cargos de relevancia en el gobierno. A no dudar que los tribunales que han sentenciado a cientos de militares presos en forma ilegal e inconstitucional, deben ser calificados como tribunales revolucionarios.

De ahí que digo: “La guerra contra la subversión no ha terminado en la Argentina, estamos en la fase de la guerra en la cual la subversión alcanzó el poder utilizando el sistema democrático, y encarceló a quienes los combatieron durante la lucha armada”. Y es por eso que los militares no deben ser considerados presos políticos sino prisioneros de guerra.

Como quienes están en el poder tienen la mayoría en ambas cámaras y han comprado a los jueces, ocurre que los ciudadanos comunes terminamos atrapados de una democracia que no persigue los fines de su Deber Ser sino los que surgen de la conveniencia de quienes están en el gobierno para perpetuarse en él sin importar para nada el Bien Común.

Y a cuántos compatriotas hoy escuchamos decir: “no podemos hacer nada, hay que esperar el cambio de gobierno y que estos se vayan”…

La revolución socialista y anticristiana está logrando que muchos argentinos se hayan acostumbrado a vivir en contra de lo que establece la cultura Cristiano Católica que hemos heredado de nuestros padres  y que hace a la esencia de nuestro estilo de vida.

En efecto, eso es lo que ocurre, y quienes nos oponemos a tan macabro proyecto, nos preguntamos ¿qué armas tienen los ciudadanos para expresar su disidencia y lograr se modifique tal o cual política que tanto los perjudica?. Seguramente que quienes creen en este sistema, dirán que el juicio político, las marchas multitudinarias y la libertad de prensa constituyen armas eficaces para llamar la atención del gobierno y modificar un rumbo.

Pero claro, para que tal cosa ocurra tendríamos que estar en presencia de una democracia sana a la que le interesa la opinión de la oposición y la participación ciudadana. Y como a la democracia de los Kirchner eso no les importa, ocurre que no hay posibilidad de juicio político, ya que ellos dominan la comisión que los aprueba o rechaza, y las movilizaciones son ignoradas (ocurrió con el campo, los cacerolazos, la justicia, el caso Nisman, etc.). El gobierno ensoberbecido en el poder que les da su mayoría, desconoce olímpicamente las protestas –como si no hubiesen existido- y sigue sin inconvenientes su proceso revolucionario. Y respecto a la libertad de prensa sólo digamos que quien se atreve a opinar en contra del gobierno, es considerado un desestabilizador o simplemente un golpista.

Por consiguiente, los ciudadanos Argentinos estamos atrapados en el sistema, presos de la democracia y no podemos hacer nada para revertir el proceso antinatural que busca la revolución socialista. “Sólo esperar a que termine el mandato constitucional y ahí apostar por el voto al cambio de gobernantes”, dicen los defensores a ultranza del sistema.

Pero no debemos olvidar que, el poder autoritario que como dijimos se vale de la democracia y maneja todo a su antojo, puede cometer fraude y volver a ganar, o también podría ocurrir que por los mismos artilugios espurios que el sistema ofrece, ceda el poder a un supuesto ganador que, condicionado por el poder real continúe con los objetivos de la revolución socialista y entonces nada cambie… Como suele decirse: “es de manual” que la revolución no esté dispuesta a entregar el poder.

Por eso es que digo: “Atrapados por la democracia”.

¡Por Dios y por la Patria!

Columna de Opinión

BOLIVIAMAR Y CHILE. Bruno Ebner, periodista de El Mercurio marzo de 2013,

BOLIVIAMAR Y CHILE Bruno Ebner, periodista de El Mercurio marzo de 2013
Las opiniones vertidas en esta columna de opinión, son de responsabilidad de sus autores y no reflejan necesariamente el pensamiento de UNOFAR
Por tanto, todo este show mediático desplegado por Bolivia a raíz de su demanda es un excelente catalizador del nacionalismo, anhelos, frustraciones y el centenario resentimiento de ese país con Chile.

En marzo de 2013, observé a la entrada de la ciudad portuaria de Ilo, Perú, un desvencijado letrero caminero con las palabras “Boliviamar”, indicando 20 kilómetros hacia el sur. Venía desde Brasil, en dirección a Chile, realizando para el diario El Mercurio una serie de reportajes sobre los llamados “corredores bioceánicos”, un sistema de carreteras de integración de momento más retórico que práctico.

No recordaba la existencia de este lugar, y como el solo nombre me pareció más que curioso – tratándose de la conjunción de Bolivia y el mar -, decidí ir y ver qué había. No había nada. Un gigantesco peladero junto al mar, y una monumental estatua metálica – símbolo de la unión fraterna entre Perú y Bolivia – cayéndose a pedazos, en cuyos restos se asoleaban aburridas lagartijas. Pero ésa no era la idea original. La idea original era buena.

En 1992 el ex Presidente peruano y hoy convicto Alberto Fujimori recibió a su homólogo boliviano Jaime Paz Zamora para ofrecerle en forma gratuita, y por 99 años renovables una franja de 5 kilómetros de costa para que Bolivia hiciera lo que quisiera: instalar un puerto, infraestructura hotelera, la mentada playa boliviana que soñó Chávez, etc. El mar estaba, el terreno estaba, sólo había que invertir.

Discursos integracionistas, abrazos, rituales indígenas, bailes y “cholitas” empapando sus polleras en el agua, celebraron el histórico acontecimiento. Nunca se hizo nada. Allí quedó el solitario monumento, expuesto al ataque de la arena, la sal y la humedad. Pasaron 18 años. Octubre de 2010. Los gobiernos de Lima y La Paz retomaron las conversaciones por Boliviamar (o Bolivia Mar, no hay consenso en su escritura).

Ahora sí que el espacio sería aprovechado. El monumento fue remozado. A la nueva ceremonia asistieron los presidentes Evo Morales y Alan García. Más discursos, abrazos, rituales y “cholitas”. El futuro prometía. Y llegamos al presente. Van casi cinco años de la última ceremonia y Boliviamar sigue exactamente igual. Es decir, nada. Del pobre monumento ya poco debe quedar.

Durante mi visita a la zona intenté contactarme con el cónsul de Bolivia en Ilo, para que me explicara qué había pasado. Fui varias veces a su oficina. Lo esperé. Finalmente su secretaria me transmitió el mensaje de que el gobierno le había prohibido recibirme. Para quienes no conocían la historia de Boliviamar ahora sabrán que nuestro inquieto país vecino, además de todas las facilidades que le otorga el tratado de 1904 para el uso de puertos chilenos, goza de un buen pedazo de costa, prácticamente regalado para su uso y disfrute casi ilimitado. Y digo casi porque los peruanos afirman que una de las razones del desaprovechamiento del lugar fue que La Paz quería una guarnición naval en la zona, lo que Perú no concedió.

Otro motivo fue el completo desinterés de los empresarios bolivianos para invertir en infraestructura portuaria, ya que les salía mucho más barato usar justamente los puertos chilenos. La Paz no hizo nada por incentivar Boliviamar, ni siquiera se invirtió a nivel estatal, en habilitar y mantener un puerto y una playa. Pero Bolivia no sólo goza de acceso al Pacífico, sino que desde el año pasado Uruguay le propuso una salida al Atlántico, a través de la vía fluvial de la cuenca del Plata, por los ríos Paraguay, Paraná y de la Plata. El ex Presidente José Mujica le ofreció a Evo Morales concesiones en el puerto de Rocha.

Mientras escribo esta columna, se desarrollan los alegatos de Chile y Bolivia en La Haya. Y a pesar del extenso y derrochado litoral que posee en Ilo, Bolivia quiere convencer a la corte para que fuerce a Chile a negociar una salida soberana al mar. Porque el tema no es que Bolivia no tenga cómo salir al mar, ni que si lo tiene no sabe qué hacer con él y lo desaprovecha, sino que tiene que ser por Chile, y con soberanía. Es la única forma, plantea ese país, de lograr impulsar su economía – hoy en sorprendente alza – y lograr un verdadero desarrollo. Pero el mar no es la panacea. ¿Cuántos países marítimos se encuentran en el subdesarrollo y la pobreza? En nuestro continente hay varios, partiendo por muchos centroamericanos. ¿Y los de África? Salvo Sudáfrica y pocos más, el resto de la costa africana pertenece a muchas naciones sumidas en la miseria, guerras tribales, dictaduras e incluso estados fallidos. En Sudamérica, por ejemplo, y hasta que comenzó con su fuerte crecimiento, Perú era un país pobre con casi 3.000 kilómetros de costa.

Y es que la falta de infraestructura caminera de Bolivia – que aún aísla a varias de sus principales ciudades – no se soluciona con mar; la irritante burocracia boliviana y las trabas al turismo no se solucionan con mar; la suciedad y la basura en las calles de muchas urbes bolivianas no se solucionan con mar; tampoco la desigualdad entre ricos y pobres ni la enorme polarización existente entre las diversas etnias y culturas que integran el Estado Plurinacional de Bolivia.

Es sabido que los indígenas del altiplano – de cuyo origen es Evo – no se soportan con los habitantes del oriente, y entre ambos mantienen una guerra soterrada: la de La Paz versus Santa Cruz; es decir la de los Collas (aymaras) contra los Cambas (orientales). Estos últimos varias veces han amenazado con afanes independentistas, y los más radicales llevan en sus autos o instalan en sus casas la bandera de la llamada “Nación Camba”.

Esta situación no es muy diferente con quienes viven en la Amazonía boliviana, y en más de una ocasión los indígenas amazónicos y naturales de los departamentos de Beni y Pando se han enfrentado al gobierno de Morales, al que han acusado de discriminación y de privilegiar a los habitantes del altiplano. Y la corrupción. No hay que olvidar la corrupción.

He estado decenas de veces en Bolivia, y no son pocas las oportunidades en que he tenido que satisfacer, en dinero efectivo, requerimientos económicos de las autoridades administrativas o policía. Me han solicitado documentos inexistentes para cobrarme, dándome recibos hechos a mano sin respaldo alguno, e incluso me han inventado leyes en el acto para impedirme abandonar el país, si no pagaba. No me lo contaron, lo viví yo. Y todas esas prácticas, lamentablemente habituales en Bolivia, no se solucionan con mar… Por tanto, todo este show mediático desplegado por Bolivia a raíz de su demanda es un excelente catalizador del nacionalismo, anhelos, frustraciones y el centenario resentimiento de ese país con Chile.

Pero, en la práctica, y aun cuando sucediera la fantasiosa ficción de que la Corte de La Haya se declarara competente, fallara en el fondo a favor de Bolivia y Chile le cediera una salida soberana al océano, nada aseguraría que el territorio nacional que se le entregara no termine en un nuevo Boliviamar.

Un amigo peruano que conocí justamente en Ilo me dijo que “en el fondo, los bolivianos no tienen vocación marítima, no les gusta el mar. De lo contrario, habrían aprovechado todo esto que se les dio”. Y quién sabe si tenga razón.

Columna de Opinión

ARAUCANÍA CHILENA, UN TRÁGICO PRONÓSTICO

ARAUCANÍA CHILENA, UN TRÁGICO PRONÓSTICO
Las opiniones vertidas en esta columna de opinión, son de responsabilidad de sus autores y no reflejan necesariamente el pensamiento de UNOFAR
La Araucanía Chilena se encuentra en grave peligro y las autoridades persisten en su porfía, calificando de actos delictuales aislados lo que saben perfectamente que corresponde a una escalada guerrillera, con fases y etapas claramente estudiadas y planificadas por los herederos de la Guerra Fría. El grave incumplimiento de sus deberes hace responsable quienes promueven la campaña de desinformación hacia la sociedad chilena, atrayendo sobre ellos el juicio de la historia que -por desgracia y al igual que en otros casos- puede llegar en forma tardía. Entretanto, la carencia de seguridad puede llegar a ser buscada a través de la autodefensa, con el peligro que ello representa.

Con desesperación, habiendo sido superada toda capacidad de asombro, somos testigos en estos días de la violenta escalada de actos terroristas que asolan los campos del sur, motivados por reivindicaciones de tierras de quienes dicen representar al pueblo mapuche. Todo ello, mientras las autoridades, haciendo gala de una obstinación propia de quienes definen a ésta como “la energía de los necios”, insisten en engañar a la sociedad chilena acerca de los alcances de este conflicto, tratando de hacerlo parecer como una serie de actos delictuales menores.

Con este inmoral engaño a su pueblo, los gobernantes de los últimos períodos han traicionado el juramento (o promesa…como estúpidamente lo impusieran los ateos revolucionarios) que prestaron ante los ojos del país, al dejar de cumplir y hacer cumplir las leyes de la República, amparando bajo una falsa imagen de paz el desarrollo de una fuerza guerrillera que aún no ha mostrado su poder real. Así, en medio de tibias declaraciones de preocupación y coaccionadas actuaciones policiales y judiciales, la guerrilla subversiva ha conseguido el tiempo y el espacio que requería para organizar, equipar y entrenar a sus cuadros combatientes, fortaleciéndose efectivamente con actos de propaganda armada que repercuten significativamente en el extranjero y generan apoyo comunicacional, político y económico para su causa.

Entretanto, en vez de haber apagado el incendio cuando solo se trataba de un amago, el gobierno de Chile se ha dedicado a echar bencina al fuego, estimulando la aparición incontrolable de nuevas demandas, al gastar fortunas en la compra de las mejores tierras para entregarlas a supuestas “comunidades” a las que se les reconocen derechos, también supuestos, de propiedad ancestral.

El imperio de la Ley ha sido violado reiteradamente por los grupos subversivos que se amparan en la mal llamada “causa mapuche”, sin que la Autoridad haya impuesto sobre ellos el respeto a las normas que regulan nuestra convivencia en el orden social. Junto con amparar la subversión, se está reconociendo la existencia de un estado dentro del estado, con ciudadanos de otra nacionalidad con derechos dentro de Chile, con lo cual se incentiva irresponsablemente la base política y comunicacional que requieren los grupos subversivos al engrandecer su rol ante los ojos de aquellos cuya representación se han auto-asignado. Independientemente de la falsedad implícita en la supuesta división de una raza que −reunidas con otras por varios siglos han dado forma a la nación chilena− la culpabilidad de los gobernantes no ha sido aún debidamente expuesta ante una opinión pública que juzgará con crueldad sus actos, como va quedando en evidencia frente a los escándalos de corrupción que hoy humillan al mundo político.

Sin embargo, por encontrarse la sociedad sometida a una campaña de desinformación respecto de lo que ocurre en la Araucanía, su reacción puede ser tardía, encontrándose ante hechos consumados, con enclaves territoriales donde la autoridad sea ejercida por los líderes guerrilleros y donde el Estado de Chile deba mantenerse como un simple espectador. Lo que puede parecer una fantasía, es exactamente lo que ha ocurrido en todas las llamadas “guerras de liberación”, donde la subversión comienza por el planteamiento de una idea-fuerza de carácter político –indispensable para dar forma a una “causa”−, siguen con la organización de cuadros debidamente adoctrinados y entrenados en el extranjero, continúan con su infiltración en el territorio-objetivo donde comienzan a reclutar adeptos en forma clandestina, momento en que es fundamental la realización de acciones que promuevan su capacidad operativa y atraigan simpatizantes entre la población local y entre los anarquistas de siempre, sean éstos del mundo intelectual, político o religioso.

Con este apoyo moral inicial, el núcleo guerrillero desarrollará posteriormente las líneas de apoyo logístico, donde el dinero y las armas provendrán normalmente del extranjero, nutriendo sus arcas para permitir la subsistencia de los cuadros dirigentes en la clandestinidad y la realización de acciones cada vez más violentas y significativas. En medio de ello, llegará el momento en que se haga necesario efectuar acciones de amedrentamiento hacia potenciales integrantes o colaboradores de la que ellos llaman la “oposición activa”, incluyendo en esto la implantación del terror en su propio pueblo, con el fin de evitar su alejamiento de “la causa”.

Los fiscales, jueces, periodistas y autoridades de todo tipo constituyen en esta etapa un blanco prioritario, sobre el que actúan de diversas formas, las que pueden ir desde el envío de cartas anónimas y secuestros, hasta llegar a los atentados incendiarios o asesinatos. Ningún medio de acción es dejado de lado ante la necesidad consciente de posicionar con la mayor rapidez posible la fuerza necesaria para pasar de las acciones de propaganda y sabotaje a las de ocupación territorial.

Todo ello, con el propósito de mantener la Libertad de Acción con que han contado hasta el momento y negársela a las autoridades, obligándolas a una reacción tardía. Hoy se sabe que algunas unidades de Carabineros de Chile (¿o todas?) habrían recibido instrucciones de no actuar en contra de mapuches, orden que indudablemente proviene del mundo político superior a la noble institución, el cual –llegado el momento− no trepidará en traspasarles la culpa de su propia irresponsabilidad histórica. La situación es realmente candente, su evolución previsible y en momentos en que la paciencia comienza a agotarse –Dios no lo quiera− pareciera que podríamos estar adportas de la reacción de grupos sociales que buscarán recuperar a través de la autodefensa, la seguridad abandonada por parte de quienes debieran velar por ella y por la mantención del estado de derecho.

Nuestras autoridades actuales se formaron mayoritariamente en la doctrina generada por los grandes maestros de la guerra de guerrillas, conociendo exactamente lo que puede suceder si no se controla el fuego antes que se transforme en incendio declarado. Luego, es hora que rectifiquen su rumbo y corrijan el grave abandono de deberes que continúan mostrando en relación a la Araucanía Chilena.

20 de Mayo de 2015

Patricio Quilhot Palma

Columna de Opinión

¿VOCES CLAMANDO JUSTICIA?

¿VOCES CLAMANDO JUSTICIA?
Las opiniones vertidas en esta columna de opinión, son de responsabilidad de sus autores y no reflejan necesariamente el pensamiento de UNOFAR
Hoy, muchos de aquellos que cambiaron su deber cívico hacia el bien común por el servicio a sus mezquinos intereses, tienen aún el descaro de unirse a los izquierdistas que provocaron la crisis del 73 para preguntarse cómo fue posible llegar a tanto odio. No comprenden o no quieren enterarse que son precisamente ellos, los malos políticos, quienes envenenan a la gente con su irresponsabilidad y arrogancia, generando deseos de revancha y de “pasar la cuenta” a los ladrones y pillos, como les está ocurriendo en estos momentos

De todos lados se escuchan voces clamando por “justicia” y que “se deje que las instituciones funcionen”… ¡Cínicos! ¡Descarados! ¡Sinvergüenzas! Eso es lo que la sociedad chilena debiera responder ante los lastimeros pedidos de justicia-justa provenientes de una casta de malos políticos que –acostumbrados a sacar provecho de su posición− no ha dudado en estimular y permitir los abusos jurídicos que se cometen a diario en contra de los militares chilenos. La rabia que produce el desenmascaramiento de la inmundicia política criolla no proviene de la descripción de sus actos ilegales, puesto que ellos eran de todos conocidos, si no en su detalle, al menos de su determinante efecto sobre cada proceso eleccionario vivido en el país.

La rabia aumenta al comparar la evolución esperada para este escándalo con la desgraciada e injusta campaña que los militares chilenos han debido soportar por años de parte de estos mismos descastados. Es hora de que la sociedad chilena comience a reaccionar del letargo culposo en que la ha sumergido la propaganda marxisto-gramsciana, reconociendo que ha sido engañada y que hay un segmento de ella que paga por culpas ajenas, difamado y expuesto a un trato inconstitucional.

Hoy, la cárcel de punta Peuco está repleta y se siguen emitiendo fallos que llevan a morir entre rejas a viejos nobles oficiales y leales suboficiales por hechos ocurridos hace más de cuarenta años, en los que participaron única y exclusivamente en cumplimiento de su Deber Militar y que –como si ello fuera poco− se encuentran debidamente prescritos y amnistiados. Mientras se discute si los sinvergüenzas del mundillo económico-político serán o no perseguidos judicialmente, nuevas encarcelaciones afectan a la Familia Militar, tocando incluso a familiares directos de algunos altos mandos actuales.

La sociedad, aturdida por los ruidos que genera la falta de honestidad y credibilidad de quienes dicen representarla, no demuestra el menor interés ni preocupación por el magnicidio que ocurre antes sus ojos, igual como lo hacía hasta que se destapó esta olla de corrupción.

Ese destape que hoy la horroriza es el que inevitablemente vendrá cuando no sea posible seguir enmascarando con falsos lienzos de justicia la aplicación inconstitucional de las leyes en contra del mundo militar, afectando cobardemente a aquellos que –aún estando en situación de retiro− son de los mismos que hoy ayudan al desamparado en el desastre del Norte, se sacrifican apagando incendios en el Sur o impusieron el orden vergonzosamente perdido después del terremoto del 27 F.

Cuando llegue esa hora, la sociedad chilena volverá a sentirse avergonzada por haber permitido que este tipo de abusos fuera cometido ante sus narices. Surgirán entonces nuevos paladines de la justicia-justa, promoviendo la persecución de otros culpables, seleccionados esta vez entre aquellos que hoy prevarican, estimulan o permiten la pérdida de la juricidad en Chile, bajo la disculpa de acoger usos y costumbres internacionales, no vigentes en nuestro territorio soberano como tampoco en muchos otros países occidentales y menos en las reconocidas tiranías de izquierda. Será entonces cuando se deberá asumir el daño inmenso cometido en contra de viejos defensores de la Patria y de sus familias, quienes no clamarán por bonos, becas ni salud gratuita, como lo han hecho con abuso y descaro los miles de beneficiados por las campañas de “reparación a las violaciones de los DD.HH.” Solo apelarán al reconocimiento tardío de la injusticia cometida en contra de sus familiares, exigiendo nada más que el respeto a su irrenunciable dignidad.

No imaginan estos descastados que hoy son denunciados por su actuar lo que han causado mientras robaban y engañaban. En tiempos medievales, donde el honor se defendía con la vida, serían ellos objeto de formas de reparación muy distintas a las actuales, desgraciando a sus propias familias con el resultado de su odiosidad y cobardía. No cabe duda que en esto está involucrado más que una sola vertiente políticoideológica. La izquierda, apoyada solamente por los pseudo-cristianos no podría haber llevado a cabo la masacre de los militares por sí misma, requiriéndose para ello de la complicidad de una derecha político-económica, revolcada en la misma inmundicia que la izquierda y temerosa de perder la posición que construyeron al alero del Gobierno Militar y que los hizo olvidar que sin el orden y la paz conquistada con la sangre de miles de soldados, marinos, aviadores y carabineros y la irreductible voluntad de su líder, ninguna idea –por brillante que hubiera sido− habría podido fructificar como lo hizo.

Hoy, muchos de aquellos que cambiaron su deber cívico hacia el bien común por el servicio a sus mezquinos intereses, tienen aún el descaro de unirse a los izquierdistas que provocaron la crisis del 73 para preguntarse cómo fue posible llegar a tanto odio. No comprenden o no quieren enterarse que son precisamente ellos, los malos políticos, quienes envenenan a la gente con su irresponsabilidad y arrogancia, generando deseos de revancha y de “pasar la cuenta” a los ladrones y pillos, como les está ocurriendo en estos momentos. Cuando menos lo esperábamos, la estructura de la pillería comienza a desmoronarse, anunciando la inevitabilidad del derrumbe del siguiente entramado, aquel que usaron en derroche cada vez para tapar sus actos de corrupción y que –por abuso− ya no les sirve.

Aquel que tanto lucro les generó en la forma de indemnizaciones, bonos, franquicias, etc. Aquel en que sacrificaron el honor y la imagen pública de fieles y leales servidores públicos, justamente aquellos que en su momento no requirieron de la plata ni de favores para hacer las cosas bien, si no del simple sentido del deber. Desde la injusta soledad de sus celdas, los presos políticos militares pueden tener fé en que el día de la Justicia-Justa para ellos tendrá que venir. Ojalá que cuando ello ocurra, no sea demasiado tarde para muchos de estos nobles soldados, marinos, aviadores y carabineros.

16 de Abril de 2015

Patricio Quilhot Palma

Columna de Opinión

PREPARACIÓN GENERAL DEL GRAN PERDONAZO por Hermógenes Pérez de Arce Ibieta, 6/4/2015

PREPARACIÓN GENERAL DEL GRAN PERDONAZO por Hermógenes Pérez de Arce Ibieta, 6/4/2015
Las opiniones vertidas en esta columna de opinión, son de responsabilidad de sus autores y no reflejan necesariamente el pensamiento de UNOFAR
Entonces se viene “el gran perdonazo”. Como el que generosamente le extendió la derecha al gobierno de Lagos, durante el cual se supo, más allá de toda duda razonable, entre otras cosas impresentables, que los gobernantes de la Concertación se llevaban a escondidas plata fiscal para la casa, mientras acusaban a Pinochet de haber lucrado en el poder, siendo que los propios funcionarios de ellos (director del SII) publicaban que durante sus 17 años el Presidente uniformado se habría llevado mensualmente la mitad de lo que sacaban ellos.

 La clase política ha sido sorprendida faltando a la verdad y aprovechándose de ello. La mayor parte de la misma no esperaba serlo, pues, desde el centro a la izquierda, estaba rasgando vestiduras al haber sorprendido a algunos empresarios contabilizando documentos “ideológicamente falsos” para disminuir sus utilidades y pasar el dinero a partidos de derecha. Pero a poco andar se fue descubriendo que ésos y otros empresarios hacían lo mismo para ayudar a partidos de centro e izquierda; y, peor aún, que en la propia familia presidencial el uso clandestino de influencias se prestaba para tener acceso privilegiado al crédito bancario multimillonario, sin garantías normales y a tasas favorables, y así hacer grandes ganancias de capital basadas en decisiones de las autoridades. Ello acarreó el sonoro derrumbe del paradigma presidencial derogatorio del lucro y la desigualdad. En estas circunstancias, los políticos se han percatado de algo de lo cual no se habían dado cuenta: todos están en el mismo barco. En vista de eso, han resuelto darle a la situación la denominación de “crisis institucional”. No lo es, por supuesto. Las instituciones gozan de perfecta salud, Son los políticos que las manejan los que han sido pillados con las manos en la masa y la crisis es personal de cada uno de ellos y de sus partidos, que, si fueran iguales ante la ley, tal como, se supone, son los demás chilenos, “los de a pie”, tendrían que pagar caras sus ilegalidades. Pero como ellos son “más iguales que los demás”, no quieren pagar. Y como están casi todos pillados, entonces quieren convencer a los demás chilenos (que son susceptibles de ser convencidos de cualquier cosa si el presupuesto comunicacional es suficiente, y el que controlan los políticos lo es) de que para salvar al país hay que perdonarlos. Amnistía general para todos los políticos sorprendidos faltando a la verdad y a la ley, que son casi todos los que hay. Entonces se viene “el gran perdonazo”. Como el que generosamente le extendió la derecha al gobierno de Lagos, durante el cual se supo, más allá de toda duda razonable, entre otras cosas impresentables, que los gobernantes de la Concertación se llevaban a escondidas plata fiscal para la casa, mientras acusaban a Pinochet de haber lucrado en el poder, siendo que los propios funcionarios de ellos (director del SII) publicaban que durante sus 17 años el Presidente uniformado se habría llevado mensualmente la mitad de lo que sacaban ellos. Pero al revés de Pinochet, que fue inmisericordemente perseguido por la justicia de izquierda, los gobernantes de la Concertación, con la venia de la derecha, naturalmente, quedaron judicialmente impunes y se autopremiaron aumentándose los sueldos oficiales en lo mismo que habían sido sorprendidos sustrayendo mensualmente. Y así se solucionó esa otra “crisis institucional” que, naturalmente, tampoco era tal, sino sólo el “problema crítico” de un grupo gobernante sorprendido sustrayendo indebidamente fondos fiscales. El “gran perdonazo” de ahora va a volver a dejar fuera, tal como la otra vez, a los jueces prevaricadores que faltan crónicamente a la verdad en sentencias que mandan a presidio a los uniformados que derrotaron a la guerrilla marxista hace más de cuarenta años. Ellos siguen y seguirán sosteniendo, en sentencias “ideológicamente falsas”, que los uniformados mantienen secuestrados hasta hoy (y en sus celdas) a extremistas, desde hace los mismos más de cuarenta años. Y si bien todo el mundo sabe que esas resoluciones son ajenas a la verdad y hasta constitutivas de delito, como los respectivos ilícitos están llamados a juzgarlos los mismos jueces que los cometen, éstos quedan impunes y, por lo tanto, no hay siquiera necesidad de incluir su caso en el “gran perdonazo” que se está gestando. Una vez extendido éste y cohonestada implícitamente la flagrante y crónica mentira judicial, podremos decir orgullosamente que “se ha superado la crisis institucional” y “fortalecido la democracia”; que por suerte Chile sigue sin ser un país corrupto y que “las instituciones funcionan”. Y así los miembros de la clase política podrán recuperar la tranquilidad y volver a vivir felices por todo el tiempo que reste hasta que los vuelvan a pillar; y los jueces podrán seguir faltando a la verdad y a la ley con la misma impunidad que se han auto garantizado, gozando, es cierto, del beneplácito general.

Columna de Opinión

Y como se viene el 2015. Por Sergio Melnick. SÍ, HAY CASOS DE PROBIDAD. Publicado el 13 de marzo 2015 en Voxpress

Y como se viene el 2015. Por Sergio Melnick. SÍ, HAY CASOS DE PROBIDAD. Publicado el 13 de marzo 2015 en Voxpress
Las opiniones vertidas en esta columna de opinión, son de responsabilidad de sus autores y no reflejan necesariamente el pensamiento de UNOFAR
El almirante Jorge Montt, enviado a Europa en comisión de servicio después de dejar La Moneda, tuvo que pedir dos meses de sueldo adelantados para preparar el traslado. Cuando la casa Armstrong, contratista naval, le regaló un automóvil, él lo cedió a los Arsenales de Marina. Al morir, no dejó más bienes que una casita que sus amigos le obsequiaron en una calle céntrica de Valparaíso”

El primer año del gobierno no fue bueno, al revés. Todos los indicadores de resultados fueron a la baja. El apoyo a la Mandataria cayó al mínimo del 33%, el rechazo a su gestión subió al 58% (Cadem) y la evaluación del gabinete es aún peor, con un magro 26% de apoyo y 59% de rechazo. Las reformas refundacionales tienen más rechazo que aprobación, la crisis institucional es feroz, la clase política totalmente desprestigiada, los empresarios vapuleados, el Congreso sin credibilidad alguna, y los escándalos ocupan la prioridad de los medios. En ese escenario, qué podemos esperar para el 2015 en curso.
En lo económico, las expectativas son magras, a pesar de un ambiente internacional positivo. Los principales problemas son internos y será difícil seguir culpando al ex gobierno por lo que está ocurriendo. El ministro Arenas hizo un presupuesto con crecimiento del 3.6%, y esta semana ya bajó al 3%.El mercado está en torno al 2.5%, pero podría ser bastante menor, con desempleo llegando al 7% o más, con una presión inflacionaria no menor derivada del gasto público poco prudente. El déficit fiscal podría llegar al 3% o más, el dólar sobre $660 (que si beneficia al sector exportador), con la productividad cayendo un 0.5% y muy poca inversión, con un precio del cobre bajo los US$3. Ello ocurre en un ambiente de fuerte incertidumbre social que baja severamente las expectativas.

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En lo político, el escenario es muy delicado. La alianza está destruida, con una severa crisis de liderazgos que la vuelve muy poco operativa y no se ve una salida fácil. Es muy probable que a partir de mediados de año empiece a crecer la figura de Sebastián Piñera.

El escándalo Caval ha golpeado al gobierno bajo la línea de flotación y ya no hay tanto respeto por la Mandataria, que no ejerce liderazgo alguno y no enfrenta a los medios.
El manejo del tema SQM ha crispado a la opinión pública. La Presidenta y el ministro del Interior están como ausentes. La Nueva Mayoría muestra pugnas internas quizás insalvables. De hecho, la reciente comisión de transparencia ha sido ampliamente criticada desde la misma Nueva Mayoría, y simplemente se armó una comisión paralela. Lo más probable es que se neutralicen. El desprestigio del gabinete es enorme y necesariamente deberá haber un cambio, quizás antes del 21 de Mayo.

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Para que ese cambio pueda mejorar la posición del gobierno, debe reemplazar al ministro del Interior, al de Educación, y al de Hacienda. De otro modo, no será creíble. Lo que está claro es que Bachelet ha perdido poder de manera significativa y eso es muy delicado.

En lo social, probablemente tendremos un año muy agitado. La ex Concertación ha criticado severamente al gobierno por tener demasiados frentes abiertos de manera simultánea. Un infantilismo progresista como le llamó Ignacio Walker.Por ejemplo, las nuevas y malas reformas en educación, la crisis en salud y destino de las isapres, la economía a la baja, la congestión creciente, la energía que no avanza, la corrupción que se destapa, el transporte público deficiente, la descentralización en marcha, la delincuencia e inseguridad crecientes, la Araucanía en crisis severa, la minería en problemas y otras.
A esos frentes el gobierno quiere agregar otros como la nueva Constitución, la reforma laboral, el aborto, y en 2016 ya vienen las elecciones. Todo esto en forma simultánea muestra una mala manera de gobernar y tiene mal pronóstico.
Ya partió la primera manifestación estudiantil, que probablemente se irá agudizando dada la mala reforma. Para abril el Colegio de Profesores anuncia paro nacional. Es probable que la CUT no quede satisfecha con su reforma sindical. Los problemas de la economía generarán más descontento y la caza de brujas por escándalos seguirá al alza.
Grandes crisis requieren grandes soluciones. Grandes soluciones son obra de grandes líderes, y esa es la falla central de nuestro querido país.

Escribe Sergio Melnick, La Tercera, domingo 22 de marzo 2015.

Alberto Cabero Díaz, abogado, diputado y senador radical, en su libro “Chile y los chilenos” escribió: “es timbre de orgullo para Chile la tradicional probidad de sus Presidentes. Los que subieron ricos a La Moneda descendieron con sus fortunas mermadas. Los que llegaron pobres salieron a trabajar para poder ganarse el pan”.

Si hay casos de probidad

En parte de su libro dice: “O`Higgins, gobernó durante nueve años, no tuvo, al abdicar, lo necesario para irse a Inglaterra como eran sus deseos; Prieto abandonó el poder para volver al Ejército; Manuel Bulnes economizaba hasta la luz en La Moneda¸ Manuel Montt y Germán Riesco reingresaron al Poder Judicial;  la fortuna de los Errázuriz disminuyó en la Presidencia; Aníbal Pinto que se negó a admitir algún empleo público y entró a “El Ferrocarril” donde le creó un cargo de traductor de francés; José Manuel Balmaceda, heredero de gran fortuna, debió, en los últimos años, solicitar un préstamo de 25.000 pesos para terminar su casa, tras rechazar los obsequios principescos que pretendió hacerle mister North, rey del Salitre; el almirante Jorge Montt, enviado a Europa en comisión de servicio después de dejar La Moneda, tuvo que pedir dos meses de sueldo adelantados para preparar el traslado. Cuando la casa Armstrong, contratista naval, le regaló un automóvil, él lo cedió a los Arsenales de Marina. Al morir, no dejó más bienes que una casita que sus amigos le obsequiaron en una calle céntrica de Valparaíso”

Columna de Opinión

MILITARES por Orlando Sáenz R.

MILITARES por Orlando Sáenz R.

Las opiniones vertidas en esta columna de opinión, son de responsabilidad de sus autores y no reflejan necesariamente el pensamiento de UNOFAR

Cuando un ciudadano abraza la carrera militar, pone su vida a disposición de la irrestricta defensa de su patria y de sus conciudadanos y abdica de numerosos derechos que asisten a sus compatriotas.

Desde que existe historia de naciones y estados, es posible apreciar como todos ellos, sin excepciones, han tenido que adaptarse y resignarse a la siempre difícil convivencia con dos grupos internos que,  siendo imprescindibles, llevan una vida segregada regida por costumbres, reglas, prácticas y hasta éticas distintas de las del resto de sus conciudadanos, y ello por la naturaleza y praxis propias de sus funciones: esos grupos son el de los militares y el del clero.  La historia también nos enseña que la incomprensión o el desconocimiento de estas insoslayables diferencias han conducido, en innumerable ocasiones, a amargos y prolongados conflictos.

Cuando un ciudadano abraza la carrera militar, pone su vida a disposición de la irrestricta defensa de su patria y de sus conciudadanos y abdica de numerosos derechos que asisten a sus compatriotas.  Para él no habrá horarios máximos ni derecho a huelga o siquiera manifestación,   no habrá oportunidades de fortuna ni de carreras meteóricas.

Mas trascendentalmente aún, debe renunciar a buena parte de su libre albedrío porque, siendo el acatamiento ciego y la coordinación perfecta requisitos indispensables para la eficiencia bélica, es necesario postergar los instintos y la conciencia individual en aras del sacrosanto principio de la obediencia debida.  En reconocimiento de las importantísimas restricciones que la vida militar impone a sus cultores, y atendida la insoslayable necesidad de ella, todos los estados le otorgan y le han siempre otorgado un estatus especial, con sus propias leyes, sus propias tradiciones, sus propios tribunales, su propia previsión y hasta su propia ética.  Todo ello porque sería impensable regular un universo tan diferente con las mismas reglas y criterios con que funciona el resto de la sociedad.

En tiempos normales, las enormes diferencias entre el mundo militar y el mundo de los civiles no generan mayores problemas, básicamente porque se mantienen separados hasta físicamente. Pero cuando, por las circunstancias que sean, los militares se transforman en soporte directo de un gobierno, los roces entre los dos sistemas de vida se multiplican y derivan en conflictos de dolorosas consecuencia.  Es precisamente lo que ocurrió en Chile durante el largo régimen liderado por el General Augusto Pinochet.

Basta esta sucinta reflexión sobre lo que todos sabemos para sospechar la anchura y profundidad del abismo que se ha creado entre la sociedad civil y el mundo castrense a raíz del tratamiento que le ha dado la nueva democracia chilena a las violaciones de derechos humanos ocurridas durante ese periodo.  Y ello por razones tan numerosas como evidentes:

_ Porque, en base a dudosos argumentos, se arrastró a tribunales civiles a muchos que debieron ser juzgados en su propio ámbito militar.

_ Porque, en base a otros dudosos argumentos, se eludió la ley de amnistía y se anuló incluso el límite de tiempo mediante el inverosímil expediente de considerar la desaparición como delito de secuestro permanente.

_ Porque muchos militares fueron condenados por los mismo tribunales civiles que fueron mas culpables que ellos como instrumentos de los crímenes del régimen al que obsecuentemente sirvieron.

_ Porque casi ninguno de los verdaderos responsables volitivos de esos crímenes desfiló ante los tribunales de justicia.

_ Porque hoy, a 40 años de los hechos, se sigue acosando a muchos que eran subalternos de subalternos en aquella época.

_ Porque se hizo tabla rasa  del dogma de la obediencia debida, que hasta los aliados respetaron después de la Segunda Guerra Mundial, y a pesar del mayor genocidio que conoce la historia de la humanidad (solo se juzgó y condenó a aquellos en que se pudo demostrar que tenían el libre albedrío suficiente para evitar los crímenes en que participaron).

_ Porque la casi mitad de Chile que casi logró prolongar el régimen militar hace 25 años enmudeció y desapareció como por encanto cuando llegó la hora del ajuste de cuentas.  Hoy es tan difícil encontrar un pinochetista como fue difícil encontrar un allendista a los pocos meses de gobierno castrense.

_ Porque el aprovechamiento político del asunto de los derechos humanos llegó a limites repugnantes el pasado septiembre, en que, con la propia colaboración del gobierno, se falsificó la historia en forma que el propio Homero habría envidiado.

_ Porque ver a los comunistas embanderar el Penal Cordillera cuando su partido es miembro centenario de un panel internacional autor de los peores crímenes contra los derechos humanos que se conocen, es una afrenta insoportable para  los militares chilenos (como que uno se suicidó de vergüenza).

_ Porque la repetida historia de que todo lo ocurrido afecta a personas y no a la institución militar es un eufemismo que no creen ni los que lo afirman.

_ Porque de sus caídos en la “guerra sucia” nadie se acuerda en el mundo civil, mientras que Santiago arde en cada aniversario del joven combatiente que cayó desafiando la ley y el orden.

No se vaya a creer que esta numeración significa que yo piense que los crímenes de los militares durante el gobierno del General Pinochet debieron quedar impunes. De hecho, como candidato parlamentario  de la Concertación en las elecciones de 1989, clamé públicamente por verdad y justicia y me sentí muy orgulloso cuando el Presidente Aylwin inició ese camino a pesar del estrecho espacio de maniobra que tenía su gobierno.  Pero en un cuarto de siglo lo que comenzó siendo “verdad y justicia” se convirtió en escarmiento y venganza y últimamente en caza de brujas y  aprovechamiento político, en que hasta el Partido Comunista enarbola la defensa de derechos humanos mientras  se le caen de la mochila los recuerdos de Stalin, Ceacescu, los Castro  y la plaza Tienamén, ante los cuales no hizo otra cosa que rendir homenajes.

 Creo que Chile no puede vivir con un foso de recelo y resentimiento entre la sociedad civil y el estrato militar.  No tenemos situación internacional para continuar con lo que, a estas alturas, no es otra cosa que un sainete en cuyo reparto nunca estuvieron todos los que son ni son todos los que estuvieron.  Hace rato que sonó la hora en que, por el bien y la seguridad de Chile, hay que ponerse a la tarea de restaurar el respeto y la confianza entre esos dos universos.

 Yo no sé si los políticos chilenos han postergado esa imprescindible tarea por ceguera intelectual o por conveniencia electoral, como demostró el aquelarre de septiembre pasado, pero sí que sé que mejor harían en aplicarse a resolver este problema de imperativa importancia en lugar de perder el tiempo atendiendo a la agenda que les dictan los agitadores de la calle.

Orlando Sáenz R.