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GUSTITOS. Max Colodro, filósofo y analista político

                                                                                 GUSTITOS

Max Colodro, filósofo y analista político

La Tercera, Opinión, 10/03/2024

El Presidente Boric inauguró su gobierno mostrando convicciones antimonárquicas: culpó al rey de España por el retraso en la ceremonia del cambio de mando; después tuvo que disculparse.

Al tiempo, sintió la necesidad de exhibir su sello antimperialista: lamentó que no hubiera un representante de EE. UU. en la iniciativa de las américas para la protección de los océanos, sin percatarse que dicho representante estaba sentado a un metro de él. Era John Kerry, quien con ironía comentó que, al parecer, habían estado buenas las cervezas que Boric tomó el día anterior con el Primer Ministro de Canadá.

Al poco tiempo, el país fue testigo de las fotos que la pareja del embajador de Chile en España subió a las redes sociales, mostrándolo mientras disfrutaba de una langosta; luego publicó otras, sentada en el asiento trasero del auto oficial, exhibiendo los pies descalzos sobre las piernas del funcionario. Inexplicablemente, el diplomático siguió en el cargo.

En cambio, Chile estuvo sin embajador en Brasil por nueve meses, debido a que la persona designada -Sebastián Depolo- nunca recibió el “agreement” del gobierno de Bolsonaro. Entre las razones de ello estaban declaraciones del propio Depolo, quien poco antes de ser propuesto declaró: “Lo que vemos en el Brasil de Bolsonaro es el inicio del fascismo. Odio a la diferencia, persecución política a disidentes y castigo a ideas contrarias a las del régimen”. No era muy difícil imaginar las consecuencias.

Chile lleva ahora más de medio año sin embajador en Inglaterra. En agosto pasado, la Cancillería tuvo que pedirle la renuncia a Susana Herrera, quién había aprovechado sus vínculos para presentar un proyecto ambiental a la Gobernación del Biobío por cinco millones de dólares.

Entre sus socios decía tener nada menos que a una fundación creada por el propio rey Carlos III.

Hace unas semanas, la aduana boliviana informó que Chile accedió a ampliar el horario de apertura de los controles fronterizos de 10 a 24 horas diarias, durante todo el año; sin explicación de las autoridades chilenas, y en un momento en que uno de los principales problemas limítrofes es la escasa fiscalización del país altiplánico sobre las personas que deja pasar hacia Chile y a las que luego se niega a recibir.

Es decir, habrá mayores facilidades para el tránsito desde un país que en julio pasado firmó un acuerdo de defensa con Irán, uno de cuyos objetivos es mejorar el traspaso de información sobre el manejo de fronteras.

Por último, la semana concluye con la decisión de impedir la presencia de empresas israelíes en la Fidae. Una decisión que impacta en las relaciones comerciales con uno de los más importantes proveedores de equipos de defensa, cuyas implicancias no fueron informadas ni evaluadas en conjunto con las FF. AA. y que solo vino a agregar incertidumbre en vínculos que inciden en la seguridad nacional.

Como si hubiera dudas, el Presidente Boric confirmó que las decisiones en materia de política internacional las toma solo él.

Un aporte del Director de la revista UNOFAR, Antonio Varas Clavel

Las opiniones en esta sección, son de responsabilidad de sus autores y no reflejan necesariamente el pensamiento de la Unión de  Oficiales en Retiro de la Defensa Nacional.

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LOS FANTASMAS QUE PERSIGUIERON A RONALD OJEDA EN CHILE. Gianluca Parrini, María José Halabi y Leslie Ayala

                                                                  LOS FANTASMAS QUE PERSIGUIERON A RONALD OJEDA EN CHILE

Gianluca Parrini, María José Halabi y Leslie Ayala

La Tercera, 10/03/2024

Luego de huir de las torturas del régimen de Nicolás Maduro, el teniente venezolano se estableció en Chile. Aquí intentó llevar una vida normal: hizo de Uber, pintó casas, cosechó paltas y trabajó de guardia. Pero nada fue suficiente para avanzar de ese tormentoso pasado. Su obsesión con la situación de su país y su liderazgo, dicen sus cercanos, son la clave que explica su desaparición.

Minutos después de que Ronald Ojeda fue subido a un auto con rumbo desconocido por un grupo de personas con uniformes falsos de la PDI, su hermana mayor gritaba. Tenía rabia.

Les insistía a los carabineros que llegaron a su departamento, en Independencia, que había sentido el acento venezolano del grupo de supuestos policías que habían sacado a Ojeda en calzoncillos desde su casa. Pedía que comenzaran a buscarlo de inmediato. Estaba segura de que esto no era un arresto normal.

La hermana cuenta todo esto durante el funeral de Ojeda, en el Cementerio Parque Canaán de Pudahuel, mientras tiene al frente el ataúd del exteniente del Ejército venezolano. Después de que sus familiares hablan, comienza el descenso del ataúd. Varios se acercan a tocarlo.

La viuda de Ojeda abraza a su cuñada, quien llora a gritos. En eso, el hijo del matrimonio lanza una flor al ataúd. “Adiós, papá”, dice el menor.

Aún les duele su muerte, porque sienten que pudo haberse evitado. No entienden cómo en Chile una persona puede desaparecer en su casa y, luego, aparecer sin vida nueve días más tarde.

Aunque lo que más resienten, dice la hermana de Ojeda en su discurso, es lo que le hicieron a su hermano. Siente que se repitió algo que nunca pensaron que iba a pasar.

“Su vida estuvo marcada por tortura en dos oportunidades. Las primeras torturas fueron causadas en Venezuela, donde gracias a Dios, en aquella oportunidad, pudo librarse. Un año lleno de torturas que marcaron su cuerpo infinitas veces -dijo ella-. Aunque lastimosamente en esta oportunidad no lo pudo resistir”.

Entre las personas que acompañan a la familia de Ojeda hay varios militares. Son jóvenes, entre 30 y 40 años. Visten de negro, de lentes oscuros y pelo corto. Ayudaron a organizar la logística detrás del funeral y a levantar apoyos económicos para la familia.

Estos amigos describen a Ojeda como una persona muy hermética. De allí que el trabajo de la Fiscalía ha sido tan áspero: han tenido poco éxito recopilando información de la vida de Ojeda en Chile, a pesar de haber tomado 20 declaraciones.

Ese lapso de tiempo es clave para entender qué fue lo que le pasó, dijo el fiscal nacional, Ángel Valencia, en Radio Cooperativa.

Mientras una línea investigativa no descarta que su desaparición esté relacionada con el crimen organizado y la relación de Ojeda con el Tren de Aragua, estos militares están totalmente en desacuerdo con esa tesis. Ellos son del grupo Espada de Dios: varios fueron detenidos y torturados en Venezuela, junto al exteniente, por conspirar contra Nicolás Maduro.

Por eso, hoy todos dicen que, para entender el dolor tan profundo de esta familia, hay que saber que mientras Ojeda vivió en Chile, intuía que algún día su pasado vendría a pasarle la cuenta.

Uber y paltas. Ronald Ojeda egresó de la academia militar venezolana en 2012. Fue allí cuando se dio cuenta del “adoctrinamiento” que existía en la escuela.

El punto de quiebre para él fue en 2016, cuando la crisis humanitaria en ese país se agudizó. Ojeda no lo aguantó.

“Teníamos una situación de poder, de privilegios. Pero éramos testigos de cómo la gente pasaba hambre, cómo los anaqueles estaban vacíos, cuando en los cuarteles nos decían que todo estaba bien”- dice un militar amigo de Ojeda, que prefirió mantener su identidad en reserva. Prefiere ser llamado “Diego”, una chapa militar.

Esto llevó al teniente a involucrarse con el grupo Espada de Dios. “Diego” explica la idea del grupo.

“El plan era hacerse del poder, tomando la instalación militar más grande de Venezuela en el país. Pero yo no sé qué actividades tenía Ojeda. La información se manejaba de manera sectorizada”.

Cinco de ellos, Ojeda incluido, escaparon de las torturas de la cárcel de Ramo Verde en 2017. Tras esto, se dispersaron por todo el mundo.

Ojeda eligió Perú como su nuevo hogar. Allí solicitaron asilo político. Vivió ahí durante menos de un año.

Durante esa estancia, Ojeda vivió en dos ciudades: Lima y Huánuco, en el centro norte de ese país. Al tiempo, el militar admitió no sentirse seguro allá. Por eso decidió moverse y, también, a descartar ciertos destinos.

“En ese tiempo Ecuador estaba gobernado por la izquierda y en Brasil el idioma era una dificultad. Colombia estaba más cerca de Venezuela. Por ende, Chile era el país más seguro”– dice el teniente José Rodríguez, quien vivió en Perú junto a Ojeda.

Ronald Ojeda llegó a Chile a finales de 2017. Según un compañero de promoción, cruzó a través del Complejo Fronterizo Chacalluta. Allí explicó su historia y solicitó asilo político.

La primera residencia que tuvo en Chile fue en Santiago, junto a su familia. Vivió ahí cerca de dos años. Se le hizo difícil encontrar trabajo.

El primero que obtuvo al llegar fue conductor de aplicaciones: hizo Uber en Santiago durante un año y medio. Después de eso, no volvió a ese empleo. La cuenta bajo su nombre en esa empresa no tiene actividad desde 2019. Era de lo poco que podía hacer para sostener su casa.

En ese tiempo el militar también aprendió a pintar. Esto coincidió con otro hecho. En 2020, Ojeda recibió una oferta laboral en Quillota, en una empresa constructora que hacía estructuras. Era más dinero del que ganaba en Santiago.

Por eso, tomó a su familia y se mudó. Arrendaron una casa, en la que vivió durante la pandemia. Cuando terminó el trabajo en la construcción, tomó otro como recolector en una plantación de paltas de la zona.

Pronto la idea de vivir en la Quinta Región dejó de funcionar, porque sus ingresos eran menos de lo que necesitaba. Por eso, la familia volvió a Santiago en el año 2021. Se establecieron en un departamento en la calle Maruri, de Independencia.

A finales de ese año la hermana del teniente constituyó una sociedad para instalar un centro de estética en el centro de Santiago. Allí mismo comenzó a trabajar con la esposa de Ojeda, haciendo masajes reductivos para clientas.

El teniente intentó con otros oficios. Además de ser repartidor de Rappi, emprendió en un negocio de helados artesanales con su esposa.

Sus trabajos, eso sí, no siempre bastaban. Como declaró al Ministerio Público una persona que lo conoció, hasta diciembre del año 2023 la familia Ojeda recibió dinero de un capitán del Ejército venezolano.

Fueron tres transferencias por un total de aproximadamente un millón trescientos mil pesos. Ese dinero servía mucho, ya que Ojeda se encontraba sin trabajo en esa época.

Eso sí, Ojeda igual se las arreglaba para ayudar a otros colegas. Por ejemplo, dicen sus amigos militares, ayudó con envíos de dinero a uno de sus excompañeros que había sido padre hacía poco en Ecuador.

En enero de este año, Ojeda encontró trabajo en una empresa de seguridad llamada Atalaya. Se convirtió en guardia privado. Trabajaba cuatro noches y descansaba cuatro días.

Ese mismo mes, según una declaración incluida en la carpeta investigativa, Ojeda pidió un préstamo informal de dos millones de pesos para su hermana.

Las últimas semanas de febrero, antes del secuestro, fueron normales, dicen sus cercanos.

Eso sí, un testigo que declaró en Fiscalía admitió que algo tenía preocupado a Ojeda. El capitán de Ejército venezolano, con quien Ojeda conspiraba para atacar el régimen de Maduro, fue detenido en la frontera con Colombia. Luego, ese mismo militar mencionó a Ojeda en un video en el que confesaba lo que planeaban hacer.

Esto puso en alerta a Ojeda, porque esa noticia revivió un miedo que no había superado: volver a caer en manos de la policía de Maduro.

La obsesión del teniente. Ronald Ojeda nunca dejó de pensar en las torturas que sufrió en Venezuela. Según sus amigos, estaba absolutamente obsesionado con eso. Aunque intentó tener una vida normal en Chile, no pudo lograrlo.

“Creo que cuando tú has sido víctima de tortura, tienes una cicatriz. Es una cicatriz que no se va a borrar nunca. Cuando, aparte de haber sido torturado eres obligado a dejar el país que amas, esa es una cicatriz muy grande. Él quería que nadie más tuviera esa cicatriz”– dice “Diego”.

Entre sus compañeros disidentes del Ejército mantuvieron el contacto a través de WhatsApp y redes sociales. Hacían videollamadas en las que se contaban sus vidas. Eso sí, mantenían los códigos de contrainteligencia de cuando conspiraban en Venezuela: compartimentaban la información.

Una muestra de eso es que evitaban dar detalles de sus actividades. Por ejemplo, Rodríguez no sabía, por seguridad, el nombre del lugar donde Ojeda era guardia de seguridad. Tampoco le preguntó. Todos entendían que debían tener ese nivel de cuidado.

En Chile, Ronald Ojeda también comenzó a escribir un libro autobiográfico. Alcanzó a redactar 185 páginas. Ese texto, para sus amigos, es una prueba de su personalidad: estaba obsesionado con Venezuela.

“Ronald estaba exageradamente dedicado a la investigación de la dictadura venezolana” -dice “Diego”-. “Su libro es parte de una investigación académica que estaba llevando de cómo funciona el chavismo. Hay una máxima de Sun Tzu que dice: conoce a tu enemigo como a ti mismo. Por eso él nos decía que teníamos que investigar cómo funciona el chavismo desde adentro, desde la raíz, para poder combatir el chavismo”.

“Diego” agrega que trataba, como amigo, de sacar a Ojeda de ese mundo. Por eso, en su reencuentro en Chile lo invitó a tomar unas cervezas. Se juntaron en Santa Rosa con la Alameda, cerca del edificio de Enel. Ojeda, eso sí, no bebía alcohol. Se tomaba una, o media cerveza. La idea era sencillamente juntarse y sacar a Ojeda de su rutina y del mundo en el que estaba.

“No era de juntarme con él a hablar de política” -dice “Diego”-. “Yo, después de huir de Venezuela, he tratado de tener una vida normal y tranquila, pero evidentemente no se puede. Nos juntábamos a tomar una cerveza y comer una pizza. Obviamente, igual hablábamos de Venezuela, aunque no era el tema principal. Yo lo veía simplemente como un amigo”.

Ojeda, además de estar al día de todo lo que pasaba en su país, leía. Aprendió sobre Charles de Gaulle -militar francés que dirigió la resistencia de su país contra el nazismo desde el exilio-, así como también de la historia del régimen soviético.

Ojeda solía juntarse con grupos de militares venezolanos. Eso contó en su libro. Pero no siempre estaba de acuerdo con ellos. Terminaba discutiendo. No se encontraba cómodo ni siquiera en esas juntas.

Sus amigos dicen que Ojeda nunca logró estar totalmente tranquilo en Chile. Esos miedos seguían allí. “Por ejemplo, a mí nunca me dijo qué hacía exactamente en su empresa”, dice otro militar venezolano que lo conoció.

La misma fuente agrega algo más.

“Él tenía un miedo como cualquier otro. Era una persona muy valiente, pero olfateaba constantemente el peligro”.

Esta inseguridad llevó a Ojeda a cambiar varias veces de número de celular. También se cambió de casa cuatro veces en cinco años. La última mudanza fue a un departamento en el piso 14 de calle El Molino, también en Independencia. El mismo departamento del cual, el 22 de febrero pasado, un grupo de individuos vestidos con uniformes falsos de la PDI lo secuestró.

Nueve días después lo encontraron sin vida, en una maleta, bajo un metro y medio de cemento.

Para sus compañeros hay algo evidente: su muerte tiene una motivación política detrás.

“Esto no se trató de delincuencia común” -dice “Diego”-. “Un delincuente común no te secuestra sin pedir nada a cambio. Ni se elabora un uniforme PDI. Si te quiere matar, te mata en tu casa”.

Frente a las dudas de por qué el régimen de Maduro montaría una operación para asesinar a un teniente que escapó al último país del mundo, los militares venezolanos residentes en Chile que conocieron a Ojeda tienen una explicación: el teniente podía llegar a ser una real amenaza para el régimen de Maduro.

“No tienes que pensarlo así” -dice uno de ellos-. “El teniente es el que tiene la relación más directa con su pelotón. Entonces, lo que importa no es el cargo que tenía. Era lo que podía llegar a hacer”.

Un aporte del Director de la Revista UNOFAR, Antonio Varas Clavel

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REPRIMIR, DIALOGAR, REPRIMIR. Heraldo Muñoz, Excanciller de Chile

 

                                                                               REPRIMIR, DIALOGAR, REPRIMIR

Heraldo Muñoz, Excanciller de Chile entre 2014 y 2018

El Mercurio, Columnistas, 09/03/2024

“La experiencia indica que el régimen no tiene voluntad de realizar elecciones libres y limpias, y que su objetivo es sencillamente mantenerse en el poder”.

A fines de febrero, 13 funcionarios de la Oficina del Alto Comisionado para los Derechos Humanos de Naciones Unidas (ONU) fueron expulsados de Venezuela por el gobierno de Nicolás Maduro, acusados de “espionaje y conspiración interna”.

La expulsión se decretó un día después de que el relator especial de la ONU sobre el derecho a la alimentación declarase que el gobierno venezolano le impidió acceder a centros de detención y le cambió constantemente su agenda en una visita al país.

En el contexto de la elección presidencial —recién fijada para el 28 de julio del presente año—, el endurecimiento del régimen no sorprende.

Hace algunas semanas, la justicia incondicional del gobierno confirmó la inhabilitación, sin notificación ni derecho a la defensa, de la candidata opositora María Corina Machado —escogida en una primaria opositora cuestionada por el oficialismo— para competir en las elecciones presidenciales.

Maduro ya le había advertido mucho antes: “No te vistas, que no vas”. Entretanto, tres asesores de campaña de Machado fueron detenidos simultáneamente, acusados de proporcionar “apoyo logístico a un grupo terrorista”.

En un paso represivo más, el gobierno arrestó a la activista y académica experta en asuntos militares Rocío San Miguel, bajo acusaciones de “terrorismo”, “traición a la patria” y “conspiración”, al vincularla con un supuesto plan para asesinar a Nicolás Maduro, uno de cinco complots que, según la fiscalía chavista, han sido desbaratados desde 2023.

Esta espiral autoritaria enterró el Acuerdo de Barbados entre el gobierno y la oposición para promover los derechos políticos y garantías electorales, y conceder licencias para la exportación de petróleo y otros materiales al mercado estadounidense.

Después del veto a Machado, Washington anunció que podría reimponer sanciones. Pero el régimen de Maduro amenazó con que, si eso sucede, se acaban los vuelos de repatriación de venezolanos ingresados irregularmente a territorio estadounidense, materia altamente delicada en un año electoral en EE.UU.

La experiencia indica que el régimen no tiene voluntad de realizar elecciones libres y limpias, y que su objetivo es sencillamente mantenerse en el poder. Maduro ya anticipó un resultado: “Ganaremos las elecciones —afirmó— por las buenas o las malas. Está dicho, no digo más”.

Para tal propósito, activó un plan denominado “Furia Bolivariana” para desbaratar eventos de la oposición y hostigar a ONG independientes.

La estrategia madurista es clara: reprimir a opositores y, ante la presión internacional, aceptar sentarse a dialogar, no sin antes obtener algunas concesiones.

En algún momento del proceso negociador, el gobierno esgrime excusas para romperlo, o bien desconoce lo acordado, y vuelve a reprimir.

Reprimir, dialogar, ganar tiempo, y volver a reprimir es la estrategia del régimen. En el intertanto, genera contemporización de algunos países, y la comunidad internacional democrática muestra señales de frustración y agotamiento con el caso de Venezuela.

Así lo pude atestiguar en las negociaciones de Santo Domingo en 2017 y 2018, entre Maduro y la oposición, auspiciadas por el entonces presidente dominicano Danilo Medina.

Luego de extensas reuniones, donde participé como canciller de Chile para facilitar el diálogo, propuesto por la oposición, se registraron avances esperanzadores para la realización de elecciones libres, pero el gobierno pateó la mesa, impuso una eventual fecha de las elecciones, no aceptó las condiciones para unos comicios mínimamente democráticos (como la liberación de presos políticos y la restauración de las facultades legislativas de la Asamblea Nacional), y se acabó el diálogo.

Un año antes, una similar mesa de diálogo con el acompañamiento del Vaticano se había estancado y diluido, sin acuerdos.

A medida que se acerque la fecha de los comicios presidenciales, seguramente el régimen conseguirá que se inscriba algún candidato simbólico con cierto aire opositor, pero sin posibilidades de ganar, para “competir” con Nicolás Maduro, sin garantías electorales democráticas, asegurando así otra elección presidencial fraudulenta.

Pese a que María Corina Machado anunció su voluntad de continuar hasta el final, es probable que se le impida inscribirse, ante lo cual la oposición tendrá que decidir si participar con un candidato alternativo (algún no inhabilitado) —lo cual puede fracturar a la disidencia—, o bien no comparecer en los comicios. De acontecer lo último, como ocurrió el 2018, quedará la pista libre para Maduro.

El Consenso de Brasilia, cumbre presidencial sudamericana de 12 países, incluyendo Venezuela, convocada por el Presidente Luiz Inácio Lula da Silva en 2023, abordó el caso venezolano, y, en la declaración del encuentro, se manifestó un compromiso “con la democracia y los derechos humanos… y la no injerencia en asuntos internos”, párrafo que originó interpretaciones encontradas entre los mandatarios.

Lula manifestó en la rueda de prensa final que “no es posible que no haya un mínimo de democracia en Venezuela”.

Habrá que abrigar esperanzas del papel que pueda jugar Brasil, y los países del Consenso de Brasilia, en esta difícil encrucijada que enfrenta Venezuela.

Un aporte del Director de la revista UNOFAR, Antonio Varas Clavel

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LA IZQUIERDA ESTÁ PERDIENDO EL ROUND DE LA BATALLA CULTURAL. Humberto Julio Reyes

 

                                                                        LA IZQUIERDA ESTÁ PERDIENDO EL ROUND DE LA BATALLA                                                                                                                             CULTURAL                                                                                                                                                                  Humberto Julio Reyes

         Aclaro de partida que la frase no me pertenece, aunque ¡cómo quisiera que así fuera!

         Quien la pronunció fue el señor Jorge Arrate en larga y reciente entrevista concedida a El Mercurio, precedida de otra frase: “estamos en un minuto en que…”

         Ese minuto sería hoy, cuando “el individualismo la lleva, por eso hay que hacer una gran batalla cultural y política”.

         Confiesa que “va a ser largo recuperar lo que fue la izquierda, que era un movimiento que anudaba lo político, lo social y lo cultural”. Qué duda cabe, me permito agregar.

         Ojalá que sea muy largo ya que, de izquierdas hemos tenido bastante en los dos últimos siglos, me refiero al XX y XXI, empezando con los gobiernos radicales para terminar en lo que soportamos hoy en día.

         Dice el entrevistado, estar dedicado a la creación de un partido único del Frente Amplio, lo que lo muestra más cercano a esa izquierda que al socialismo democrático y que, junto a otros juicios emitidos en la entrevista, me llevan concluir que ha vuelto a las andadas o quizás nunca los dejó ya que muchos han sido sus intentos de unir toda la izquierda, habiendo sido socialista de corazón y comunista por conveniencia.

         Para muestra de su pensamiento, y criticando al presidente Boric, señala que “en el segundo gobierno de Sebastián Piñera se violaron sistemáticamente los derechos humanos”.

         ¿Le parece conocida esa frase al paciente lector?

         Se usa con frecuencia, junto con recordarnos que el recientemente fallecido expresidente “le declaró la guerra al pueblo”, al referirse, acertadamente a mi juicio, a que enfrentábamos un enemigo poderoso.

         ¿Y cómo podía llamarse a la asonada que destruía, saqueaba e incendiaba a título de ejercer su derecho a “manifestarse”?

         Bueno, se le sigue reprochando hablar de guerra, olvidando que fue Lenin quien dijo que la política es la continuación de la guerra por otros medios y que, hoy por hoy, está de moda hablar de batalla cultural sin que nadie llame a escándalo.

         Es frecuente por lo demás referirse, en lenguaje coloquial, a la guerra a la corrupción o a la delincuencia o a otros males que nos aquejan.

         Regreso al inicio después de esta larga disquisición.

         Temo que la batalla cultural ha sido ampliamente ganada por la izquierda gracias a Gramsci que le insufló nueva vida a la perdida Guerra Fría. Basta ver quienes “la llevan” en ese campo.

         Infiltrada y neutralizada la iglesia católica que por muchos años fuera baluarte frente al materialismo marxista; corrompida la judicatura; inhibidas de actuar las fuerzas del orden; perdido el respeto a instituciones, a tradiciones y a nuestros héroes que nos dejaron en herencia un gran país, mientras pareciera no existir minoría, causa o movimiento donde no se advierta la mano comunista “meciendo la cuna”.

         Resumo:

         Parodiando a Churchill, se ha perdido una batalla, pero no la guerra, aún sería tiempo de salvar la Patria amenazada, pero, para eso, no hay que creerle a Arrate, zorro viejo. La izquierda sigue imponiendo su victoria en este campo y todos los que no comulgamos con el socialismo debiéramos hacer nuestro mejor esfuerzo para no resignarnos a este estado de cosas.

11 de mar. de 24

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EL SINO DEL GOBIERNO. El Mercurio, Editorial

                                                                        EL SINO DEL GOBIERNO

                                                                     El Mercurio, Editorial, 10/03/2024

”¿Habrá aquilatado el Presidente Gabriel Boric las consecuencias para su credibilidad y para el futuro de la coalición de gobierno si se llegara a acreditar la participación del régimen chavista en este crimen?”.

Próximos a cumplirse dos años desde que Gabriel Boric asumiera como Presidente, son múltiples las aristas y sucesos que permitirían hacer un juicio crítico sobre el Gobierno.

A un deficiente desempeño económico, se suma un déficit de gestión en las áreas más relevantes, como salud, educación y vivienda, todo ello sin olvidar las constantes contradicciones políticas, confusiones entre lo que consiste ser un jefe de Gobierno y uno de Estado, precipitación y gustitos ideológicos que, si bien no tienen la fuerza refundacional de sus primeros meses, siguen apareciendo una y otra vez en los proyectos y decisiones que se adoptan.

Dos episodios recientes sirven para ilustrar lo que ya parece ser el sino de este gobierno, que como tal difícilmente puede esperarse que cambie en el período que le resta.

El secuestro y posterior asesinato del refugiado venezolano Ronald Ojeda es probablemente el crimen de mayor gravedad cometido en el país en décadas. Y no solo por lo que significa la pérdida de una vida humana en esas condiciones terribles y el consiguiente sufrimiento de su familia, sino también por la señal de inseguridad y descontrol que se envía al resto de la población, la que siente el justificado temor de que puede verse expuesta a hechos de esa naturaleza.

El grado de profesionalismo y determinación demostrado por la criminalidad organizada contrasta con la debilidad y desorientación que evidencian muchas veces las autoridades, policías y demás instituciones que deben combatirlo en todos los frentes.

La posible implicancia del régimen venezolano en ese crimen —la que con los días, lejos de desaparecer, cobra más fuerza con la información que se va conociendo— agrega un ángulo adicional por la serie de consecuencias para la seguridad exterior e interior del país que trae consigo.

Pues bien, ante estos hechos, el Presidente Boric, que suele ser locuaz para los más diversos temas, guardó inexplicable silencio por 17 días. Su única intervención que podría considerarse vinculada al caso insólitamente fue para defender a sus socios del Partido Comunista por las críticas sobre su apoyo y cercanía al régimen de Maduro.

“El anticomunismo visceral de algunos sectores políticos y sus medios afines en nuestro país es demasiado evidente. No conozco otro partido que reciba tantos ataques ad hominem y mentiras”, escribió el mandatario. Luego agregó: “Yo al menos, no tengo ninguna duda del compromiso democrático y social del PC chileno”.

Finalmente, solo esta semana se refirió escuetamente al caso, con una frialdad que contrasta cuando se trata de otras víctimas, sosteniendo que “como Presidente de la República, yo también hablo a través de mis ministros” y que el Gobierno, a través de la ministra del Interior, se había comunicado con la familia de la víctima para expresarle sus condolencias.

Mientras tanto los comunistas, sintiéndose respaldados por el Presidente, en un acto partidario ovacionan al embajador de Venezuela en Chile y luego su máximo dirigente, Lautaro Carmona, descarta “a mucha honra” calificar a la administración de Nicolás Maduro como una dictadura.

Luego de todo ello, ¿habrá aquilatado el Presidente Boric las consecuencias para su credibilidad y para el futuro de la coalición de gobierno si se llegara a acreditar la participación del régimen chavista en este crimen?

Es cierto que el mandatario, incluso antes de asumir, ha mantenido una postura crítica respecto del gobierno de Maduro y ha condenado la violación a los derechos humanos.

Sin embargo, hace tiempo ya que no lo cuestiona con dureza —recientemente se refirió eufemísticamente a una “deriva autoritaria” del régimen venezolano— y nada ha dicho sobre la dictadura cubana que, además, es el principal soporte político e ideológico de Venezuela. Es decir, un ejemplo inmejorable de las contradicciones y gustitos ideológicos.

Personalismo en política exterior. La decisión del Gobierno, esta semana, de cancelar la participación de la industria israelí en Fidae 2024 —la principal exhibición aeroespacial, de Defensa y seguridad de América Latina— es otra muestra de lo mismo. A las repercusiones negativas en las relaciones con Israel, se agregan los previsibles daños para los intereses nacionales y para la política exterior e imagen internacional de Chile.

Es correcto, como le gusta decir al Presidente, que “la voz y la política internacional del Gobierno la decido yo”, pero ello no puede derivar en personalismos que terminen por dinamitar el prestigio profesional de nuestra Cancillería, comprometida con una política de Estado que ha sido cimentada durante gobiernos del más variado signo.

Como se ha señalado reiteradamente, la gravísima situación de los derechos humanos en la zona de Gaza, el terrorismo de Hamas y el derecho de legítima defensa de Israel perfectamente se pueden incorporar con prudencia en una relación con ese Estado, incluso denunciando transgresiones a derechos fundamentales y dando señales inteligentes de rechazo que no dañen los intereses nacionales, mediante un trato no discriminatorio, coherente con el que se practica con otros gobiernos que se considera que son transgresores de principios y valores permanentes en nuestra política exterior.

Un aporte del director de la revista UNOFAR, Antonio Varas Clavel

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PREVENTA DEL LIBRO “GESTA HEROICA DE 1973”. Adolfo Paúl Latorre

 

                                                                PREVENTA DEL LIBRO “GESTA HEROICA DE 1973”

Autor: Adolfo Paúl Latorre

Editorial Conservadora

Un libro fundamental para  la recuperar la verdad histórica de Chile

En esta interesante obra, Adolfo Paúl Latorre analiza y comenta la 4ª edición del libro Historia de la Revolución Militar Chilena, de Hermógenes Pérez de Arce, el cual también está disponible en nuestra web.
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EXCLUSIÓN DE ISRAEL DE LA FIDAE. El Mercurio, Editorial

                                                                             EXCLUSIÓN DE ISRAEL DE LA FIDAE

El Mercurio, Editorial, 08/03/2024

Incómoda debe ser la situación de las autoridades de la Cancillería responsables de llevar adelante medidas que comprometen negativamente su debido profesionalismo.

La decisión del Gobierno de cancelar la participación de la industria israelí en Fidae 2024 —la principal exhibición aeroespacial, de defensa y seguridad de América Latina— tiene repercusiones negativas en las relaciones con Israel, con previsibles daños para los intereses nacionales y para la política exterior e imagen internacional de Chile.

Demostrativa de la parcialidad del Gobierno en el conflicto árabe-israelí fue la insólita —y sin precedentes en el mundo— suspensión de credenciales del embajador de Israel en Santiago, seguida por la vigente convocatoria a informar del embajador chileno en Tel Aviv, con carácter indefinido; luego, las confusas declaraciones oficiales en el inicio del ataque a asentamientos judíos, que asimilaron los aspectos morales y jurídicos de la ofensiva israelí en Gaza con el terrorismo de Hamas del 7 de octubre, y, finalmente, la intervención de agentes chilenos en juicios en contra de Israel en La Haya.

El escalamiento y sumatoria de estas medidas con la marginación de productos de Israel de esta feria donde se exhibe material de alta tecnología, más que politizar y desprestigiar a futuro el evento, importa a nuestro territorio un conflicto internacional, lo que agrava divisiones internas entre dos comunidades extranjeras de enorme importancia para el desarrollo y pacífica convivencia nacional.

Además, la incomprensible cancelación autoimpone restricciones al abastecimiento de tecnologías avanzadas y a las asistencias de vanguardia en salud, informática, inteligencia artificial, ingeniería, gestión de aguas, servicios y programas vitales para la seguridad nacional y de las personas y progreso del país, a lo que corresponde agregar riesgos que podrían alentar el antisemitismo y cambios importantes en la convivencia, precedentes discrecionales y arbitrarios en la gestión de la política exterior, de alto costo y sin beneficio tangible para el país.

Chile ha sido siempre contrario a adoptar medidas económicas de retaliación por motivos políticos debido a los costos internos que significan a su población, por sus repercusiones en personas inocentes en el extranjero, y finalmente por su dudosa eficacia, ya sea por la experiencia internacional, o bien por la escasa incidencia del poder nacional para resolver y alterar la evolución de los conflictos globales.

A la vez, la gestión internacional de nuestra diplomacia, consciente del valor de la inserción en el mundo para la defensa de la soberanía y legítimas oportunidades de la población, se ha basado en políticas de Estado, que asumen consensos amplios y transversales para promover correctas relaciones con los países y organismos internacionales.

Nada de lo anterior está presente en la nueva actitud del Gobierno hacia Israel, la que se ha transformado en una política personalizada del Presidente Boric, calificada por algunos como una obsesión del jefe de Estado, que acoge iniciativas sancionatorias desproporcionadas.

Incómoda debe ser la situación de las autoridades de la Cancillería responsables de llevar adelante medidas que comprometen negativamente su debido profesionalismo y la imagen internacional de Chile.

La grave situación de los derechos humanos en la zona de Gaza, el terrorismo de Hamas y el derecho de legítima defensa de Israel perfectamente se pueden incorporar con prudencia en una relación con ese Estado, incluso denunciando sus eventuales transgresiones a derechos fundamentales y dando señales inteligentes de rechazo que no dañen los intereses nacionales, mediante un trato no discriminatorio, coherente con el que se practica con otros gobiernos transgresores de principios y valores permanentes en nuestra política exterior.

Un aporte del Director de la Revista UNOFAR, Antonio Varas Clavel

Las opiniones en esta sección, son de responsabilidad de sus autores y no reflejan necesariamente el pensamiento de la Unión de Oficiales en Retiro de la Defensa Nacional

 

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